El pensamiento neoconservador – Capítulo II.

Por Paula Sanmarti.

CAPITULO II
LA POLITICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS DURANTE LA PRIMERA ADMINISTRACION DE GEORGE W. BUSH (2001/2004)
En el presente capítulo nos proponemos referirnos a la manera en que la política exterior conducida por el Presidente George W. Bush fluctuó entre un realismo tradicional, al mejor estilo Kissinger y un idealismo o un neo-idealismo como algunos autores hacen mención . Este idealismo fue defendido y auspiciado por el establishment neoconservador, el cual exigía, ya desde la década de los noventa, una política de endurecimiento hacia Oriente Medio, fundamentalmente hacia Irak que se encontraba bajo el régimen de Saddam Hussein. Como indicamos en el capítulo anterior, el cambio de régimen junto con la  exportación de la democracia fueron las acciones reclamadas a los diferentes gobiernos de turno: Bush padre, Bill Clinton y George W. Bush. Una política de fuerza que buscaba terminar con un régimen maligno que amparaba a terroristas y se conjugaba con una solución idealista que pretendía redemocratizar la región. Esta tarea se consiguió de manera parcial porque si bien el régimen de Saddam Hussein fue derrocado, como también lo fue anteriormente el régimen talibán en Afganistán, fallaron a la hora de reconstruir el Estado.
De esta manera iniciamos el presente capítulo haciendo una breve reseña de la campaña presidencial del año 2000 y posteriormente del comienzo de la administración de George W. Bush. También haremos alusión a la conformación de su equipo de asesores respecto de la política exterior, ya que había entre ellos varios representantes neoconservadores que tuvieron mucha influencia y otros sectores nacionalistas que terminaron apoyando este proyecto.
I) Bush, la campaña electoral y las elecciones del año 2000
Se iniciaba el mes de  marzo  de 1999 cuando el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, anunciaba en Austin, Texas, su  candidatura presidencial para el año 2000. Para la mayoría del Partido Republicano rápidamente se convirtió en el candidato favorito, teniendo que enfrentar en las elecciones primarias a John McCain, senador del Estado de Arizona. Es importante destacar que Bush contaba en ese entonces con el apoyo de los sectores más derechistas del partido. Sin embargo, como ya se adelantó, no todos lo neoconservadores lo apoyaban, tal es el caso de Irving Kristol quien respaldaba al candidato John McCain. El temor de algunos neoconservadores respondía a pensar que George W. Bush seguiría los pasos de su padre, quien si bien ganó la guerra del Golfo permitió la continuidad del régimen de Saddam Hussein .
En agosto de 2000, la Convención Nacional Republicana lo nombra candidato presidencial. Designado el candidato republicano, pronto se conoció que su oponente sería Al Gore, vicepresidente de Clinton. Era sabido que el candidato presidencial George W. Bush carecía de antecedentes en política exterior, situación que se reflejó en el transcurso de la campaña electoral. Sin embargo supo rodearse de personalidades experimentadas, quienes habían cumplido funciones en las administraciones de Nixon, Reagan y Bush padre, tal es el caso de Donald Rumsfeld, Colin Powell,  Dick Cheney, Paul Wolfowitz,  entre otros.
La importancia que adquiere la política exterior en momentos de campaña electoral está condicionada por la presencia o ausencia de situaciones de crisis. Tales circunstancias pueden encender el debate entre los candidatos, aumentando las divergencias entre la plataforma del Partido Republicano y la del Partido Demócrata. Se entiende como situaciones de crisis hechos tales como el fin de la guerra fría y la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Según Bennett:
“Aunque la importancia de la política exterior ha disminuido en relación con otros temas, los votantes todavía juzgan a los candidatos por los méritos de su política exterior, su competencia y capacidad de liderazgo; especialmente su habilidad para manejar una crisis.”
En el caso particular de las elecciones de 2000, ni Gore ni Bush le otorgaron una importancia significativa a la política exterior en sus alocuciones. Sin embargo, los asesores de Bush en política exterior, entre ellos Condoleezza Rice, Colin Powell, Henry Kissinger y el candidato a la vicepresidencia, Richard Cheney, se destacaron en la campaña. La presencia de sus asesores al momento de pronunciar discursos importantes sobre política exterior estaba quizás relacionada con su falta de experiencia respecto a los asuntos internacionales. Diferente ha sido el caso de Al Gore cuyos asesores jugaron un rol secundario, ya que Gore se caracterizó por un mejor manejo de la agenda internacional.
Bush tomó cinco temas como ejes de su propuesta electoral: impuestos, educación, seguridad social, programa de misiles de defensa y Medicare.  Ambos candidatos difirieron respecto a la creación de un escudo con misiles balísticos . En una entrevista realizada al embajador Richard Armitage éste respondía:
“En lo que respecta a la Defensa Nacional contra Misiles, afirma que George Bush desea desplegar “tan pronto como sea posible” un sistema de defensa contra misiles y agrega, “Creo que la diferencia mayor entre nosotros y los demócratas radica en la medida en que deseamos el sistema”.
Ambos candidatos presidenciales acordaron en la normalización  del  comercio con China, sin embargo no compartían la misma visión sobre China como actor del sistema internacional.
En cierta medida, en los momentos  de campaña electoral y aún antes de ocurridos los atentados terroristas de Septiembre de 2001, los elementos ideológicos dominantes han sido los realistas. Su principal asesora Condoleezza Rice, ha sido una protegida del  ex Consejero de Seguridad Nacional, Brent Scowcroft, quien ha sido un realista indiscutido. Cuando George W. Bush ganó las primarias del partido republicano, los líderes neoconservadores estuvieron desilusionados, ya que Bush había hecho campaña mencionando que Estados Unidos debía ser un poder global “humilde”. Condoleezza Rice era quien incentivaba en el candidato presidencial esta idea de “humildad”. En referencia a la desilusión de los líderes neoconservadores, William Kristol dijo:
“…no tenemos grandes esperanzas con Bush como un presidente de política exterior.”
A su vez, en momentos de campaña electoral Bush declaró:
“…debemos ser humildes y planear la fuerza de una manera que promueva la libertad (…) si somos una nación arrogante, nos verán de esa manera, pero si somos una nación humilde, nos respetarán.”
La mencionada referencia a una política exterior “humilde” (“humble foreign policy”), pretendía ser contrastante con el tinte intervencionista que había tenido la administración de Bill Clinton, la cual establecía tres pilares de  política exterior: la seguridad, mediante el ejercicio del liderazgo; la expansión de la economía de mercado; y la promoción de la democracia en el exterior.
La política exterior que proponía llevar  a cabo la administración de G. W. Bush mostraba un compromiso hacia los “intereses nacionales duraderos”, más que a los objetivos humanitarios idealistas. Estas afirmaciones se desprenden del artículo Promoting The National Interest, en el cual fijan las pautas principales a seguir como ejes de la política exterior norteamericana. Como así también se formulan algunas críticas a la administración demócrata del presidente Bill Clinton, particularmente al Building Nation (construcción de naciones). Y al hecho de no seguir con mayor energía la defensa contra misiles .
Tal vez el discurso sobre política exterior más conocido de la campaña de G. W. Bush, es el que pronunció en la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan en Simi Valley, California, el 19 de noviembre de 1999. En el mismo se destacaron frases como: “Para la defensa de nuestra nación, un presidente debe tener visión clara y ser realista.” Del mismo discurso también se desprende su interés por China y Rusia, denominándolas a ambas como potencias en transición; y por la India, planteando la necesidad de prestarle mayor atención. Sin embargo, Irak no figuraba entre sus preocupaciones más inmediatas, aunque si hizo una referencia a las armas de destrucción masiva (ADM). Claramente, las referencias a Irak con anterioridad al 11de Septiembre de 2001 son un tanto débiles en comparación con las menciones que tienen tanto Rusia como China ya sea por parte de Bush como de sus asesores. La prioridad máxima en materia de política exterior debería ser la excelencia en el entorno internacional sin ser arrogantes.
Diversos autores coinciden sobre cuáles fueron en ese momento los retos claves que enfrentaba la política exterior norteamericana. Las opiniones se repiten al considerar a Rusia y China como los países a los que se les debía prestar suma importancia, aunque los desafíos que implicaban eran muy distintos. Rusia necesitaba de una atención inmediata mientras que China era vista como una amenaza para los años venideros. En períodos de campaña electoral, la entonces asesora en los temas de seguridad nacional y luego Consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, expuso entre otros temas su preocupación respecto a China y Rusia. Rice explicó cómo sería la política exterior de Bush destacando que la verdadera preocupación de Estados Unidos debía ser “la política del poder, las grandes potencias y el equilibrio del poder”. Sin embargo, tras el 11de Septiembre, su postura se aproxima más a la línea dura de Dick Cheney y Ronald Rumsfeld, de un papel más dominante de Estados Unidos en el mundo.
Rice caracterizó a Rusia, mencionando que aún conservaba  muchas de las cualidades  de una gran potencia: una numerosa población, un territorio vasto y poderío militar, pero con debilidad económica y problemas de identidad nacional. Respecto a la situación interna que vivía Rusia le preocupaba la debilidad de los partidos políticos, los problemas económicos y su corrupción extrema. El panorama ruso era sombrío, por la intensa crisis económica, social y demográfica que vivía para ese entonces, por lo que la aspiración a una economía de mercado y a un sistema político genuinamente democrático se presentaba como un objetivo a largo plazo.
Asimismo le interesaba iniciar un diálogo con Moscú en relación a la amenaza nuclear. Las principales preocupaciones eran las amenazas nucleares de países como Irak y Corea del Norte y la posibilidad de proliferación no autorizada de armas nucleares.  A esto se sumaba que Moscú venía oponiéndose a las sanciones de las Naciones Unidas contra Irak y continuaba con el suministro de tecnología nuclear a Irán  lo que podría permitirle al régimen de Teherán elaborar sus armamentos.
En lo referente a China, diferentes administraciones norteamericanas  han tenido una postura ambivalente desde apoyar el desarrollo económico y la modernización china hasta mantener posturas encontradas en lo concerniente al tema de los derechos humanos y a la cuestión de Taiwán. En definitiva, China se presentaba como un verdadero reto de política exterior durante la campaña de Bush. Se percibía a China como una Nación con un futuro prometedor para los años venideros, en especial respecto al crecimiento de su  economía.
Tal como menciona el artículo de Rice, China representaba un desafío estratégico al considerarla como un poder ascendente. Se le reclamaba a China que se integrara más a la  economía internacional, mediante una mayor apertura y transparencia así como el crecimiento de la industria privada. El artículo también se refería a la cuestión de Taiwán, aún sin resolver, pero más importante aún, descalificaba al gobierno de Clinton por considerar a China como un socio estratégico. Para Rice, China era un competidor estratégico que pretendía controlar el equilibrio de poder regional, era un desafío para Estados Unidos que debía mantener una fuerte presencia militar en la región para controlar sus ambiciones en materia de seguridad.
En lo concerniente a Irak las opiniones son encontradas. Lo cierto es que verdaderamente tanto Rusia como China ocupaban un lugar más destacado en la agenda de política exterior diseñada por los asesores de Bush, (ejemplo de esto es el contenido del artículo arriba mencionado de Rice). Sin embargo, la política hacia Medio Oriente, en especial el Golfo Pérsico, no es dejada de lado. La región de Medio Oriente siempre ha sido considerada una zona de importancia estratégica, no obstante a partir de la lucha contra el terrorismo internacional que emprende G. W. Bush esta región cobra una importancia vital.
De esta manera, Medio Oriente se ha convertido en el referente geopolítico en materia de seguridad internacional en dos aspectos. El primero se refiere a la importancia con la que cuenta la región en términos de recursos energéticos y su valor geoestratégico en lo concerniente al acceso de las fuentes energéticas en el suministro de crudo que sale del Golfo Pérsico y que abastece en un 27% la demanda de la economía mundial .  El segundo aspecto, ligado al anterior, refiere a una cualidad inherente que es ser una región altamente inestable, a raíz de los conflictos que en ella se originan y la ausencia de democracia. Precisamente, la promoción de la democracia es un objetivo primordial de la política exterior norteamericana junto con la eliminación de los regímenes políticos considerados por Estados Unidos como hostiles. Así, la expansión de la democracia generaría estabilidad interna y reduciría la probabilidad de conflictos entre Estados, los cuales no fomentarían el terrorismo internacional ni la adquisición de ADM .
De esta manera observamos como Irak se transforma en una pieza fundamental en la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente. Estrategia que perseguía dar batalla al terrorismo internacional, removiendo regímenes hostiles e instaurando la democracia en la región. En primer término, derrocaron al régimen talibán en Afganistán, luego a Hussein en Irak, sin embargo los resultados aún hoy son inciertos y lejos están del objetivo primigenio.
Transcurrida más de una década desde el final de la guerra fría, el panorama que enfrentaba Estados Unidos por ese entonces era el de un liderazgo incuestionable, líder en lo económico, en lo militar y en lo tecnológico. La conjunción de estos tres elementos es lo que lo distanciaba del resto de los Estados. El colapso de la URSS acrecentó esta idea, convirtiéndose de esta manera el país del norte en la única superpotencia. No existía país que conjugue, como sí lo hacía Estados Unidos, el irrefutable poderío militar,  la solidez económica, el desarrollo de su tecnología y, no menos importante, la influencia que ejerce en el ámbito cultural. Todos estos elementos permiten hablar de la “supremacía” norteamericana.
Como  mencionamos en el capítulo I, Joseph Nye diferencia  entre “poder duro” y “poder blando”, donde el primero procede de la fuerza militar y económica de un país mientras que el “poder blando” surge del atractivo de su cultura, sus ideales y su política.  Ambos son importantes, pero el segundo lo será cada vez más a la hora de enfrentarse a problemas transnacionales para cuya solución es necesaria la cooperación multilateral.  Ciertamente Estados Unidos  se mostraba ante el mundo como líder indiscutido de lo que Nye ha dado en llamar poder duro.
Respecto a las elecciones presidenciales del año 2000 podemos señalar que fueron controversiales y discutidas. Como sostiene Robert J. Lieber:
“…pasaron a la historia electoral de Estados Unidos como las más reñidas y caóticas. Gore, con el 48,4%, superó a Bush en cinco décimas en votos populares (328.000 en números absolutos), pero éste, gracias al sistema de winner take-all (“todo para el ganador”), se aseguró los votos electorales, 246, de 29 estados, y se adelantó en el estado crucial de Florida, que aportaba los 25 electores que le faltaban.”
Tal situación caótica se desató en el estado de Florida, gobernado en ese entonces por su hermano Jef Bush, en donde la escasa diferencia de votos entre Bush y Gore dio lugar a diferentes demandas para el recuento de votos en forma manual en los condados conflictivos. Como sostiene Lieber, se llegó hasta la intervención del tribunal de Florida y del Tribunal Federal de Estados Unidos. Finalmente a mediados de diciembre la cuestión se resolvió cuando el Tribunal Supremo Federal, por cinco votos contra cuatro, anuló la orden del Tribunal de Florida para recontar los votos de forma manual, arguyendo que no iba a poder completarse antes del 18 de diciembre, fecha límite establecida por la ley para el cierre del escrutinio: así Bush se quedó con los 271 votos electorales, uno más de los necesarios para vencer.

II) Bush en el poder
Bush arriba a la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 2001, dejando atrás lo reñida que había sido la controversial elección electoral, pero asumiendo con su legitimidad deteriorada. Como sostienen  Micklethwait y Wooldridge:
“…la débil victoria de Bush no dio lugar a una presidencia débil…la Casa Blanca dio muestras de ser, a la vez, extraordinariamente disciplinada y sorprendentemente conservadora. En apenas seis meses, Bush logró imponer una agenda muy ambiciosa: la mayor rebaja de impuestos desde Reagan, una drástica reforma de la educación y una reducción de las regulaciones empresariales. Promovió el mayor desplazamiento de poder del Congreso hacia el ámbito presidencial en una generación,  desplazamiento que empezó al poco de ocupar el cargo, pero que apretó el paso tras el 11 de septiembre de 2001.”
El presidente George W. Bush llega a la Casa Blanca cuando Estados Unidos gozaba de un poder político, militar y económico sin rival, lo cual permite hablar como ya mencionamos, de la supremacía norteamericana. En este contexto de supremacía, George W. Bush asume la presidencia en enero de 2001. Tras una campaña electoral en la que condenó la “construcción de naciones” y pregonó una  política exterior más “humilde”, rechazó tratados pendientes y fue reticente en cuanto a que tropas estadounidenses se involucren en el mantenimiento de la paz. Al inicio de la lucha contra el terrorismo  emprendida por la administración  se mostró un claro endurecimiento de las acciones. Con esto no queremos argumentar que antes del 11 de septiembre de 2001 la política exterior era blanda. De hecho el rechazo del Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global  y la consideración de retirarse del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM)  con Rusia, lo cual sucedió en diciembre de 2001, son decisiones con poco contenido cooperativo y tienen un perfil unilateralista.
Lo cierto es que los meses anteriores a septiembre de 2001 se caracterizaron por reflejar una forma de actuar firme, aunque dentro de pautas realistas, respecto a ciertas cuestiones arriba mencionadas conjuntamente con la prédica de un accionar humilde. Sin embargo, el accionar unilateral en ciertos asuntos por parte de la administración Bush se encuentra antes y después del 11 de septiembre. Aquello que se ve modificado a partir de los atentados, es la prédica de la humildad.
En Declaraciones en la Casa Blanca el  22 de febrero de 2001, Rice exponía:
“El objetivo actual de la política de Estados Unidos debe ser recuperar la iniciativa en lo que se refiere a Saddam Hussein; estudiar a fondo lo que estamos haciendo, asegurarse de que no produzca armas de destrucción masiva, que no amenace a sus vecinos; cerciorarse de que cumple las obligaciones que asumió después de la guerra del Golfo Pérsico.”
En líneas generales no podemos dejar de mencionar que temas como la defensa contra misiles, las amenazas de las armas de destrucción masiva (ADM) y el terrorismo internacional han estado y están íntimamente relacionados con las problemáticas arriba mencionadas.
En lo que respecta a Irak, el reto que enfrentaba la administración Bush en sus inicios, como en los momentos de campaña electoral, se refería al cumplimiento  por parte del régimen de Saddam   Hussein  a las inspecciones de armas estipuladas por  las Naciones Unidas. Entendemos que ya desde la conformación del equipo de política exterior de Bush, es decir, desde el momento en que Bush elige a sus consejeros,  se tenía presente la idea del cambio de régimen en Irak. Lo que consideramos en el presente trabajo es que los planes de derribar al régimen de Saddam Hussein provenían de tiempo atrás: una tarea inconclusa que había dejado la administración de Bush padre. Esta idea de destituir a Hussein era proclamada por el sector neoconservador desde la década del noventa, no siendo defendida por aquellos que ejercían y decidían las políticas de gobierno. Como ya hemos mencionado, China y Rusia ocuparon un rol de mayor protagonismo respecto los temas de política exterior durante la campaña del 2000, lo cual no quiere decir que Irak como actor del sistema internacional haya sido desestimado. Así,  durante la administración de George W. Bush se pudieron materializar las propuestas del establishment neoconservador que habían sido rechazadas por Bush padre y por Bill Clinton.  Durante la administración de Bush hijo, los neoconservadores desempolvaron y llevaron a la práctica ideas y políticas en Irak posibilitados por los atentados terroristas de septiembre de 2001.  A partir de la lucha contra el terrorismo se vincula al dictador Hussein con organizaciones terroristas, especialmente la organización terrorista Al-Qaeda y con la posesión de armas de destrucción masiva (ADM), químicas, biológicas y nucleares. Los argumentos esgrimidos  contra el régimen de Hussein se basaron en primera instancia en los temores de Estados Unidos de que Irak almacenase armas de destrucción masiva. Cuando fue incuestionable que la capacidad del dictador iraquí para amenazar la seguridad de Estados Unidos era inexistente, ya que las ADM nunca fueron encontradas por los inspectores de las Naciones Unidas, el justificativo de emprender una  guerra se encontró en los derechos humanos y la democracia.
En referencia a Rusia, podemos esbozar que al asumir G.W. Bush la presidencia, se consolidó una visión de Rusia diferente a la de Clinton: era escéptico con respecto a la política de control de armas que se negociaba desde los sesenta y quería desarrollar su propuesta de Defensa Nacional con Misiles y para ello tuvo que denunciar el tratado ABM (SALT I). En los primeros meses de gobierno, la administración norteamericana se refugió en la tradición realista que priorizaba el análisis de la acción externa de los Estados y no sus condiciones domésticas. Hecho que cambió fundamentalmente a partir de los atentados de septiembre de 2001 y, de la guerra de Irak. A posteriori de los hechos mencionados se inicia un periodo de acercamiento y colaboración entre ambos países, en donde la relación se fortaleció. Sin embargo, Rusia dejó de ser una prioridad estratégica para Estados Unidos: la preeminencia de la administración Bush fue la guerra contra el terrorismo. Rusia aceptó la presencia de tropas americanas en Asia Central y las acciones en Afganistán, a cambio de que Estados Unidos se mantuviera al margen de las políticas aplicadas en Chechenia y la aceptación  de la membrecía plena de Rusia en el G8.  No obstante se debe mencionar que por momentos hubo colisión de intereses, así lo demuestra la oposición rusa a las decisiones del gobierno norteamericano tomadas unilateralmente y no legitimadas por medio de Naciones Unidas, como la invasión a Irak o un eventual ataque a Irán.
Respecto a China, como ya mencionamos, era considerada una amenaza estatal principal. Al inicio de la gestión, fue reconocida como el único país que en el mediano plazo (aproximadamente unos 25 años) representaría un desafío real al poder americano. La  administración Bush cambia la dirección de las relaciones con China que había implementado Bill Clinton el cual la consideraba un aliado estratégico a otra en que China era calificada como un competidor estratégico.
No podemos dejar de mencionar los rasgos generales de la relación entre la administración Bush y Europa. La primera visita que realiza Bush en calidad de presidente al viejo continente se produce en junio de 2001 y España fue  el primer país en ser visitado. Si bien podemos definir la relación imperante entre Bush y los principales líderes europeos como cordial, existían temas que provocaban un profundo desacuerdo. Entre ellos: la negativa a firmar el Protocolo de Kyoto , la no aceptación al Tribunal Penal Internacional, la exigencia del desarrollo de una política común de seguridad y defensa en Europa, autónoma de la OTAN, el Convenio de Armas Cortas, el Convenio de Minas Antipersonales . La actitud unilateral de Bush era claramente percibida por los europeos aún antes del 11 de septiembre  más allá que esta se acentuaría a partir de la guerra contra el terror que emprendió la administración republicana. Como ya hemos mencionado la amenaza terrorista generó la ocasión para un aumento en el presupuesto de defensa estadounidense. El presidente Bush aprovechó la cumbre de la OTAN del 2002 para instar a los europeos a aumentar su gasto militar, el cual para ese año era de 150.000 millones de euros al año. El gobierno alemán, por ejemplo había reducido su presupuesto al ordenar menos aviones militares de transporte y misiles aire-aire de lo planeado. La brecha tecnológica entre Estados Unidos y Europa en reconocimiento, comunicaciones, armas de alta tecnología y movilidad estaba destinada a ensancharse .
Podemos concluir que las fricciones entre Estados Unidos y Europa derivaban principalmente del unilateralismo americano, señalando como el acto más grave de unilateralismo estadounidense  el anuncio por parte de la Administración Bush de la guerra en Irak. Sin embargo no podemos desconocer el respaldo que contó Bush de parte del Primer Ministro Blair y el presidente Aznar, como tampoco dejar de mencionar que quienes representaron el más crudo rechazo a la guerra en Irak fueron los gobiernos de Francia y Alemania. Entendemos que si bien al inicio de la guerra contra el terror el respaldo a las acciones de Bush era casi masivo, éste se fue debilitando, siendo la guerra de Irak el punto de inflexión, en donde  tampoco Rusia y China respaldaron un accionar al margen de los organismos internacionales.
III) Bush y su equipo
La administración Bush estuvo muy dividida durante sus primeros meses. Como ya mencionamos en reiteradas ocasiones, en un principio había una inclinación hacia la visión realista de que Estados Unidos  no debía entrometerse en los asuntos internos de otros países. Claramente la visión realista predominó al momento de diseñar la política exterior y durante los primeros meses de gobierno de Bush. Sin embargo, a consecuencia de los atentados perpetrados a las torres gemelas y al Pentágono, tanto la política interna como la externa se verían alteradas.
Obviamente a los fines del trabajo nos ocuparemos de aquellas acciones que refieran a la dimensión estratégica- militar de la política exterior y a aquellas que estén estrechamente vinculadas a las mismas. Por cierto que Estados Unidos, la única superpotencia mundial, fuese vulnerada de la manera en que lo fue generó un punto de inflexión que determinó que la política doméstica y externa de Estados Unidos dieran un vuelco importantísimo. Había que reformular la política exterior existente, Bush y su equipo serían los encargados. En palabras de Nye:
“George W. Bush inició su presidencia como un realista tradicional con poco interés en la política exterior; sus ambiciones por alterar la gran estrategia estadounidense sólo aparecieron después del 11-S. Afganistán era el primer objetivo de la política, e Irak era el lugar más viable donde asestar el siguiente golpe”.
Los sectores neoconservadores y sus apoyos, como Cheney, Rumsfeld, y el Departamento de Defensa en general, se contraponían a los sectores más pragmáticos como Powell y el Departamento de Estado. Condoleezza Rice mostró una tendencia más pragmática, aunque muchas veces defendió posturas cercanas a la visión de los sectores duros de la administración. En líneas generales, Bush  y su equipo acordaban en cuanto al papel hegemónico que Estados Unidos debía ejercer en el escenario internacional, sin embargo había desacuerdos respecto a la manera de llevar adelante esa dominación. Según Phyllis  Bennis:
“Powell tenía en mente un “consenso” internacional controlado por Estados Unidos, aunque fuera militarizado, en cuyo nombre se impondrían las políticas estadounidenses. Bush reafirmó desde el principio su audaz enfoque unilateral.”
En referencia a Colin Powell podemos mencionar que sirvió prácticamente durante toda su carrera en Washington y tuvo diversos trabajos de creciente perfil político, como por ejemplo el de Asesor Militar Superior del Secretario de Defensa y del Asesor de Seguridad del Presidente Reagan.  Powell fue un actor significativo del posterior proceso de politización de los militares norteamericanos y su progresiva identificación con el partido Republicano. También fue el responsable, entre otros, de alterar las relaciones cívico-militares en Estados Unidos. En ese marco, acordó con la posición de las Fuerzas Armadas que reclamaban el establecimiento de reglas precisas para decidir el uso de tropas en el extranjero y, algunos años después, supervisó el discurso del Secretario de Defensa de la Administración Reagan, Gaspar Weimberger, donde se aprobaron las seis condiciones que tenían que ser reunidas antes que el país se comprometiera en Combate (interés vital, la decisión de ganar, objetivos claros, Fuerzas apropiadas, respaldo del público y del Congreso y el uso de la fuerza como último recurso). Durante la administración de Bush padre fue el responsable de lo que se conoció como la Doctrina Powell o “Exit Strategy”. En dicha doctrina  expuso sus exigencias para que tropas norteamericanas actuaran fuera de los Estados Unidos. Defensor de utilizar la guerra como último recurso, privilegió el agotamiento de las instancias diplomáticas -incluida la diplomacia coercitiva- antes que el uso de las armas como forma de construcción de poder.
El Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council) se encontraba bajo la dirección de la Consejera de Seguridad Nacional (Nacional Security Advisor) Condoleezza Rice, quien ya había trabajado  en el mismo durante  la Administración de Bush padre como Directora para Asuntos Soviéticos, para ese entonces el director era el general Brent Scowcroft. Anteriormente Rice se había desempeñado como Rectora de la Universidad de Standford.  Formada en la tradición realista de Kissinger, se oponía al intervencionismo humanitario de Clinton, y a las aventuras en el exterior si los conflictos no eran esenciales para la seguridad de Estados Unidos. Abogó para que Estados Unidos redujera los compromisos internacionales y su participación en las operaciones para el mantenimiento de la paz en el mundo. Sin embargo, estos lineamientos de política exterior se verían modificados tras los atentados de septiembre de 2001.
Por su parte, Dick Cheney (Vicepresidente) es considerado un nacionalista agresivo, fue Secretario General de la Casa Blanca durante la presidencia de Gerald Ford (1976-1978) y Secretario de Defensa durante la administración de Bush padre (1988-1992) y durante los años de Clinton se dedicó a la actividad privada. Es considerado uno de los vicepresidentes más influyentes de la historia de Estados Unidos. A finales de los ochenta se había rodeado de jóvenes intelectuales en su mayoría vinculados a la escuela neoconservadora: Paul Wolfowitz, Stephen Hadley y Lewis Libby (neoconservadores), quienes durante el gobierno de Clinton trabajaron en diversos Think Tanks elaborando documentos sobre el peligro que suponía el Irak gobernado por Saddam Hussein. Al llegar a la vicepresidencia Cheney se rodeó de estos hombres, instalando a varios neoconservadores en algunos puestos claves de la administración, especialmente en el Departamento de Defensa, el cual estaba a cargo de un nacionalista: Donald Rumsfeld. Wolfowitz quedó como subsecretario del Departamento de Defensa, área que conocía ya que había trabajado en él durante la administración Reagan. Libby fue nombrado director de  gabinete de Cheney en la Vicepresidencia  y Richard Perle presidió el Defence Policy Board que estaba a disposición del Secretario de Defensa.  De esta manera Kern describe las personalidades arriba mencionadas:
“…Cheney y Rumsfeld comparten la misma visión estratégica y la creencia en la importancia del poder militar de EEUU, y ambos ven con escepticismo el hacer concesiones a otros países. A veces tachados de ser su propio eje del mal dentro de la Administración, Cheney y Rumsfeld han trabajado juntos de forma continuada para minar a Powell en casi todas las cuestiones principales de política exterior. Como resultado, Powell ha influido poco, por no decir nada, en el proceso de toma de decisiones de seguridad nacional, y tampoco ha sido eficaz en la defensa de los argumentos de la Administración en el extranjero. Rumsfeld, un hábil político en el ambiente de Washington, ha descrito los diferentes enfoques de los Departamentos de Estado y de Defensa de la siguiente forma: El trabajo de Powell es hablar hasta acabar con ellos y el mío darles en la cabeza. Rice cuenta con un activo inmensurable del que no disponen Powell, Cheney y Rumsfeld: su inigualable cercanía a Bush. La diferencia entre Rice y Powell difícilmente podría ser mayor: ella comparte gran parte de la visión básica del mundo de Bush y ambos son políticamente conservadores y devotos cristianos. Rice es la perfecta personificación de la política exterior de Bush y es probable que refleje las opiniones de éste en todas las políticas clave” .
Claramente desde septiembre de 2001, Rice defendió una política exterior estadounidense firme y en ocasiones unilateral, afirmando: “Estos no son tiempos normales”. Rice se calificó a sí misma en el pasado como una pragmática que entiende que las luchas de poder en el escenario mundial requieren hacer concesiones. Pero ha afirmado: “No puede existir una ausencia de contenido moral en la política exterior estadounidense”.
Por su parte, Paul Wolfowitz, nació en el seno de una familia de judíos practicantes. A finales de los sesentas estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago. Durante la administración Clinton fue decano de la Johns Hopkins School. Wolfowitz es considerado un neoconservador y uno de los primeros en decir en 1991 que había sido un error dejar a Hussein en el poder, aseveró en ese momento que había que terminar con el Baaz iraquí.
Otro destacado neoconservador es Lewis “Scooter” Libby, también de padres judíos practicantes, inició su carrera política en la administración Reagan, siendo   asesor de Paul Wolfowitz en el departamento de Estado, en 1981. Como principal asesor (Jefe de gabinete) del vicepresidente Dick Cheney, participó en casi todas las decisiones más importantes tomadas por la administración Bush. Sin embargo, tras una investigación respecto a la identificación de un agente secreto de la CIA (Valerie Plame), Libby fue acusado de obstruir la justicia y mentir, en 2007 fue hallado culpable, aunque su renuncia a la jefatura fue en 2005.
Finalmente otro reconocido neoconservador es Douglas Feith quien durante la administración de G.W. Bush se desempeñó como sub-secretario adjunto de Defensa (es el tercer funcionario en importancia) desde 2001 a 2005. Feith fue señalado como el responsable de haber proporcionado a la Casa Blanca informaciones poco fiables que sirvieron en gran parte para justificar la invasión estadunidense a Irak. Un estudio presentado ante el Comité de Defensa del Senado americano en febrero de 2007 demostró que el Departamento de Defensa de Estados Unidos utilizó entre 2002 y 2003 fuentes e informaciones discutibles para confeccionar sus informes secretos de cara a los preparativos para la guerra de Irak. El documento sostenía  que se  utilizaron  pruebas dudosas respecto a la vinculación entre Irak y la red terrorista Al-Qaeda. Las informaciones del servicio secreto sobre las relaciones entre Bagdad y Al-Qaeda fueron manipuladas por altos funcionarios, entre ellos Feith, para poder apoyar la decisión del gobierno de invadir Irak. Debemos recordar que bajo la supervisión de Feith se encontraba la  Oficina de Planes Especiales del Pentágono, la cual se ocupó de la planificación de la posguerra y jugó un papel importante a la hora de estipular tropas que serían desplegadas durante la ocupación. Finalmente Feith abandonó el cargo en el Pentágono en 2005 y comenzó a trabajar en la Universidad de Georgetown en Washington.
A partir de este breve repaso de los principales funcionarios de la administración Bush podemos señalar que ellos han sido los encargados de efectivizar las acciones y decisiones fundamentales que emprendió dicha administración. Nos dedicaremos en el capítulo III a desarrollar los elementos fundamentales de la dimensión estratégica de la política exterior que estos actores han sabido desarrollar.

CAPITULO II

LA POLITICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS DURANTE LA PRIMERA ADMINISTRACION DE GEORGE W. BUSH (2001/2004)

En el presente capítulo nos proponemos referirnos a la manera en que la política exterior conducida por el Presidente George W. Bush fluctuó entre un realismo tradicional, al mejor estilo Kissinger y un idealismo o un neo-idealismo como algunos autores hacen mención . Este idealismo fue defendido y auspiciado por el establishment neoconservador, el cual exigía, ya desde la década de los noventa, una política de endurecimiento hacia Oriente Medio, fundamentalmente hacia Irak que se encontraba bajo el régimen de Saddam Hussein. Como indicamos en el capítulo anterior, el cambio de régimen junto con la  exportación de la democracia fueron las acciones reclamadas a los diferentes gobiernos de turno: Bush padre, Bill Clinton y George W. Bush. Una política de fuerza que buscaba terminar con un régimen maligno que amparaba a terroristas y se conjugaba con una solución idealista que pretendía redemocratizar la región. Esta tarea se consiguió de manera parcial porque si bien el régimen de Saddam Hussein fue derrocado, como también lo fue anteriormente el régimen talibán en Afganistán, fallaron a la hora de reconstruir el Estado.De esta manera iniciamos el presente capítulo haciendo una breve reseña de la campaña presidencial del año 2000 y posteriormente del comienzo de la administración de George W. Bush. También haremos alusión a la conformación de su equipo de asesores respecto de la política exterior, ya que había entre ellos varios representantes neoconservadores que tuvieron mucha influencia y otros sectores nacionalistas que terminaron apoyando este proyecto.

I) Bush, la campaña electoral y las elecciones del año 2000

Se iniciaba el mes de  marzo  de 1999 cuando el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, anunciaba en Austin, Texas, su  candidatura presidencial para el año 2000. Para la mayoría del Partido Republicano rápidamente se convirtió en el candidato favorito, teniendo que enfrentar en las elecciones primarias a John McCain, senador del Estado de Arizona. Es importante destacar que Bush contaba en ese entonces con el apoyo de los sectores más derechistas del partido. Sin embargo, como ya se adelantó, no todos lo neoconservadores lo apoyaban, tal es el caso de Irving Kristol quien respaldaba al candidato John McCain. El temor de algunos neoconservadores respondía a pensar que George W. Bush seguiría los pasos de su padre, quien si bien ganó la guerra del Golfo permitió la continuidad del régimen de Saddam Hussein .En agosto de 2000, la Convención Nacional Republicana lo nombra candidato presidencial. Designado el candidato republicano, pronto se conoció que su oponente sería Al Gore, vicepresidente de Clinton. Era sabido que el candidato presidencial George W. Bush carecía de antecedentes en política exterior, situación que se reflejó en el transcurso de la campaña electoral. Sin embargo supo rodearse de personalidades experimentadas, quienes habían cumplido funciones en las administraciones de Nixon, Reagan y Bush padre, tal es el caso de Donald Rumsfeld, Colin Powell,  Dick Cheney, Paul Wolfowitz,  entre otros.La importancia que adquiere la política exterior en momentos de campaña electoral está condicionada por la presencia o ausencia de situaciones de crisis. Tales circunstancias pueden encender el debate entre los candidatos, aumentando las divergencias entre la plataforma del Partido Republicano y la del Partido Demócrata. Se entiende como situaciones de crisis hechos tales como el fin de la guerra fría y la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Según Bennett:“Aunque la importancia de la política exterior ha disminuido en relación con otros temas, los votantes todavía juzgan a los candidatos por los méritos de su política exterior, su competencia y capacidad de liderazgo; especialmente su habilidad para manejar una crisis.” En el caso particular de las elecciones de 2000, ni Gore ni Bush le otorgaron una importancia significativa a la política exterior en sus alocuciones. Sin embargo, los asesores de Bush en política exterior, entre ellos Condoleezza Rice, Colin Powell, Henry Kissinger y el candidato a la vicepresidencia, Richard Cheney, se destacaron en la campaña. La presencia de sus asesores al momento de pronunciar discursos importantes sobre política exterior estaba quizás relacionada con su falta de experiencia respecto a los asuntos internacionales. Diferente ha sido el caso de Al Gore cuyos asesores jugaron un rol secundario, ya que Gore se caracterizó por un mejor manejo de la agenda internacional.Bush tomó cinco temas como ejes de su propuesta electoral: impuestos, educación, seguridad social, programa de misiles de defensa y Medicare.  Ambos candidatos difirieron respecto a la creación de un escudo con misiles balísticos . En una entrevista realizada al embajador Richard Armitage éste respondía:“En lo que respecta a la Defensa Nacional contra Misiles, afirma que George Bush desea desplegar “tan pronto como sea posible” un sistema de defensa contra misiles y agrega, “Creo que la diferencia mayor entre nosotros y los demócratas radica en la medida en que deseamos el sistema”. Ambos candidatos presidenciales acordaron en la normalización  del  comercio con China, sin embargo no compartían la misma visión sobre China como actor del sistema internacional.En cierta medida, en los momentos  de campaña electoral y aún antes de ocurridos los atentados terroristas de Septiembre de 2001, los elementos ideológicos dominantes han sido los realistas. Su principal asesora Condoleezza Rice, ha sido una protegida del  ex Consejero de Seguridad Nacional, Brent Scowcroft, quien ha sido un realista indiscutido. Cuando George W. Bush ganó las primarias del partido republicano, los líderes neoconservadores estuvieron desilusionados, ya que Bush había hecho campaña mencionando que Estados Unidos debía ser un poder global “humilde”. Condoleezza Rice era quien incentivaba en el candidato presidencial esta idea de “humildad”. En referencia a la desilusión de los líderes neoconservadores, William Kristol dijo:“…no tenemos grandes esperanzas con Bush como un presidente de política exterior.” A su vez, en momentos de campaña electoral Bush declaró:“…debemos ser humildes y planear la fuerza de una manera que promueva la libertad (…) si somos una nación arrogante, nos verán de esa manera, pero si somos una nación humilde, nos respetarán.” La mencionada referencia a una política exterior “humilde” (“humble foreign policy”), pretendía ser contrastante con el tinte intervencionista que había tenido la administración de Bill Clinton, la cual establecía tres pilares de  política exterior: la seguridad, mediante el ejercicio del liderazgo; la expansión de la economía de mercado; y la promoción de la democracia en el exterior. La política exterior que proponía llevar  a cabo la administración de G. W. Bush mostraba un compromiso hacia los “intereses nacionales duraderos”, más que a los objetivos humanitarios idealistas. Estas afirmaciones se desprenden del artículo Promoting The National Interest, en el cual fijan las pautas principales a seguir como ejes de la política exterior norteamericana. Como así también se formulan algunas críticas a la administración demócrata del presidente Bill Clinton, particularmente al Building Nation (construcción de naciones). Y al hecho de no seguir con mayor energía la defensa contra misiles .Tal vez el discurso sobre política exterior más conocido de la campaña de G. W. Bush, es el que pronunció en la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan en Simi Valley, California, el 19 de noviembre de 1999. En el mismo se destacaron frases como: “Para la defensa de nuestra nación, un presidente debe tener visión clara y ser realista.” Del mismo discurso también se desprende su interés por China y Rusia, denominándolas a ambas como potencias en transición; y por la India, planteando la necesidad de prestarle mayor atención. Sin embargo, Irak no figuraba entre sus preocupaciones más inmediatas, aunque si hizo una referencia a las armas de destrucción masiva (ADM). Claramente, las referencias a Irak con anterioridad al 11de Septiembre de 2001 son un tanto débiles en comparación con las menciones que tienen tanto Rusia como China ya sea por parte de Bush como de sus asesores. La prioridad máxima en materia de política exterior debería ser la excelencia en el entorno internacional sin ser arrogantes. Diversos autores coinciden sobre cuáles fueron en ese momento los retos claves que enfrentaba la política exterior norteamericana. Las opiniones se repiten al considerar a Rusia y China como los países a los que se les debía prestar suma importancia, aunque los desafíos que implicaban eran muy distintos. Rusia necesitaba de una atención inmediata mientras que China era vista como una amenaza para los años venideros. En períodos de campaña electoral, la entonces asesora en los temas de seguridad nacional y luego Consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, expuso entre otros temas su preocupación respecto a China y Rusia. Rice explicó cómo sería la política exterior de Bush destacando que la verdadera preocupación de Estados Unidos debía ser “la política del poder, las grandes potencias y el equilibrio del poder”. Sin embargo, tras el 11de Septiembre, su postura se aproxima más a la línea dura de Dick Cheney y Ronald Rumsfeld, de un papel más dominante de Estados Unidos en el mundo.Rice caracterizó a Rusia, mencionando que aún conservaba  muchas de las cualidades  de una gran potencia: una numerosa población, un territorio vasto y poderío militar, pero con debilidad económica y problemas de identidad nacional. Respecto a la situación interna que vivía Rusia le preocupaba la debilidad de los partidos políticos, los problemas económicos y su corrupción extrema. El panorama ruso era sombrío, por la intensa crisis económica, social y demográfica que vivía para ese entonces, por lo que la aspiración a una economía de mercado y a un sistema político genuinamente democrático se presentaba como un objetivo a largo plazo.Asimismo le interesaba iniciar un diálogo con Moscú en relación a la amenaza nuclear. Las principales preocupaciones eran las amenazas nucleares de países como Irak y Corea del Norte y la posibilidad de proliferación no autorizada de armas nucleares.  A esto se sumaba que Moscú venía oponiéndose a las sanciones de las Naciones Unidas contra Irak y continuaba con el suministro de tecnología nuclear a Irán  lo que podría permitirle al régimen de Teherán elaborar sus armamentos.En lo referente a China, diferentes administraciones norteamericanas  han tenido una postura ambivalente desde apoyar el desarrollo económico y la modernización china hasta mantener posturas encontradas en lo concerniente al tema de los derechos humanos y a la cuestión de Taiwán. En definitiva, China se presentaba como un verdadero reto de política exterior durante la campaña de Bush. Se percibía a China como una Nación con un futuro prometedor para los años venideros, en especial respecto al crecimiento de su  economía.Tal como menciona el artículo de Rice, China representaba un desafío estratégico al considerarla como un poder ascendente. Se le reclamaba a China que se integrara más a la  economía internacional, mediante una mayor apertura y transparencia así como el crecimiento de la industria privada. El artículo también se refería a la cuestión de Taiwán, aún sin resolver, pero más importante aún, descalificaba al gobierno de Clinton por considerar a China como un socio estratégico. Para Rice, China era un competidor estratégico que pretendía controlar el equilibrio de poder regional, era un desafío para Estados Unidos que debía mantener una fuerte presencia militar en la región para controlar sus ambiciones en materia de seguridad. En lo concerniente a Irak las opiniones son encontradas. Lo cierto es que verdaderamente tanto Rusia como China ocupaban un lugar más destacado en la agenda de política exterior diseñada por los asesores de Bush, (ejemplo de esto es el contenido del artículo arriba mencionado de Rice). Sin embargo, la política hacia Medio Oriente, en especial el Golfo Pérsico, no es dejada de lado. La región de Medio Oriente siempre ha sido considerada una zona de importancia estratégica, no obstante a partir de la lucha contra el terrorismo internacional que emprende G. W. Bush esta región cobra una importancia vital.De esta manera, Medio Oriente se ha convertido en el referente geopolítico en materia de seguridad internacional en dos aspectos. El primero se refiere a la importancia con la que cuenta la región en términos de recursos energéticos y su valor geoestratégico en lo concerniente al acceso de las fuentes energéticas en el suministro de crudo que sale del Golfo Pérsico y que abastece en un 27% la demanda de la economía mundial .  El segundo aspecto, ligado al anterior, refiere a una cualidad inherente que es ser una región altamente inestable, a raíz de los conflictos que en ella se originan y la ausencia de democracia. Precisamente, la promoción de la democracia es un objetivo primordial de la política exterior norteamericana junto con la eliminación de los regímenes políticos considerados por Estados Unidos como hostiles. Así, la expansión de la democracia generaría estabilidad interna y reduciría la probabilidad de conflictos entre Estados, los cuales no fomentarían el terrorismo internacional ni la adquisición de ADM .De esta manera observamos como Irak se transforma en una pieza fundamental en la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente. Estrategia que perseguía dar batalla al terrorismo internacional, removiendo regímenes hostiles e instaurando la democracia en la región. En primer término, derrocaron al régimen talibán en Afganistán, luego a Hussein en Irak, sin embargo los resultados aún hoy son inciertos y lejos están del objetivo primigenio.Transcurrida más de una década desde el final de la guerra fría, el panorama que enfrentaba Estados Unidos por ese entonces era el de un liderazgo incuestionable, líder en lo económico, en lo militar y en lo tecnológico. La conjunción de estos tres elementos es lo que lo distanciaba del resto de los Estados. El colapso de la URSS acrecentó esta idea, convirtiéndose de esta manera el país del norte en la única superpotencia. No existía país que conjugue, como sí lo hacía Estados Unidos, el irrefutable poderío militar,  la solidez económica, el desarrollo de su tecnología y, no menos importante, la influencia que ejerce en el ámbito cultural. Todos estos elementos permiten hablar de la “supremacía” norteamericana.Como  mencionamos en el capítulo I, Joseph Nye diferencia  entre “poder duro” y “poder blando”, donde el primero procede de la fuerza militar y económica de un país mientras que el “poder blando” surge del atractivo de su cultura, sus ideales y su política.  Ambos son importantes, pero el segundo lo será cada vez más a la hora de enfrentarse a problemas transnacionales para cuya solución es necesaria la cooperación multilateral.  Ciertamente Estados Unidos  se mostraba ante el mundo como líder indiscutido de lo que Nye ha dado en llamar poder duro.Respecto a las elecciones presidenciales del año 2000 podemos señalar que fueron controversiales y discutidas. Como sostiene Robert J. Lieber:“…pasaron a la historia electoral de Estados Unidos como las más reñidas y caóticas. Gore, con el 48,4%, superó a Bush en cinco décimas en votos populares (328.000 en números absolutos), pero éste, gracias al sistema de winner take-all (“todo para el ganador”), se aseguró los votos electorales, 246, de 29 estados, y se adelantó en el estado crucial de Florida, que aportaba los 25 electores que le faltaban.”
Tal situación caótica se desató en el estado de Florida, gobernado en ese entonces por su hermano Jef Bush, en donde la escasa diferencia de votos entre Bush y Gore dio lugar a diferentes demandas para el recuento de votos en forma manual en los condados conflictivos. Como sostiene Lieber, se llegó hasta la intervención del tribunal de Florida y del Tribunal Federal de Estados Unidos. Finalmente a mediados de diciembre la cuestión se resolvió cuando el Tribunal Supremo Federal, por cinco votos contra cuatro, anuló la orden del Tribunal de Florida para recontar los votos de forma manual, arguyendo que no iba a poder completarse antes del 18 de diciembre, fecha límite establecida por la ley para el cierre del escrutinio: así Bush se quedó con los 271 votos electorales, uno más de los necesarios para vencer.
II) Bush en el poderBush arriba a la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 2001, dejando atrás lo reñida que había sido la controversial elección electoral, pero asumiendo con su legitimidad deteriorada. Como sostienen  Micklethwait y Wooldridge:“…la débil victoria de Bush no dio lugar a una presidencia débil…la Casa Blanca dio muestras de ser, a la vez, extraordinariamente disciplinada y sorprendentemente conservadora. En apenas seis meses, Bush logró imponer una agenda muy ambiciosa: la mayor rebaja de impuestos desde Reagan, una drástica reforma de la educación y una reducción de las regulaciones empresariales. Promovió el mayor desplazamiento de poder del Congreso hacia el ámbito presidencial en una generación,  desplazamiento que empezó al poco de ocupar el cargo, pero que apretó el paso tras el 11 de septiembre de 2001.”
El presidente George W. Bush llega a la Casa Blanca cuando Estados Unidos gozaba de un poder político, militar y económico sin rival, lo cual permite hablar como ya mencionamos, de la supremacía norteamericana. En este contexto de supremacía, George W. Bush asume la presidencia en enero de 2001. Tras una campaña electoral en la que condenó la “construcción de naciones” y pregonó una  política exterior más “humilde”, rechazó tratados pendientes y fue reticente en cuanto a que tropas estadounidenses se involucren en el mantenimiento de la paz. Al inicio de la lucha contra el terrorismo  emprendida por la administración  se mostró un claro endurecimiento de las acciones. Con esto no queremos argumentar que antes del 11 de septiembre de 2001 la política exterior era blanda. De hecho el rechazo del Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global  y la consideración de retirarse del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM)  con Rusia, lo cual sucedió en diciembre de 2001, son decisiones con poco contenido cooperativo y tienen un perfil unilateralista.Lo cierto es que los meses anteriores a septiembre de 2001 se caracterizaron por reflejar una forma de actuar firme, aunque dentro de pautas realistas, respecto a ciertas cuestiones arriba mencionadas conjuntamente con la prédica de un accionar humilde. Sin embargo, el accionar unilateral en ciertos asuntos por parte de la administración Bush se encuentra antes y después del 11 de septiembre. Aquello que se ve modificado a partir de los atentados, es la prédica de la humildad.En Declaraciones en la Casa Blanca el  22 de febrero de 2001, Rice exponía:“El objetivo actual de la política de Estados Unidos debe ser recuperar la iniciativa en lo que se refiere a Saddam Hussein; estudiar a fondo lo que estamos haciendo, asegurarse de que no produzca armas de destrucción masiva, que no amenace a sus vecinos; cerciorarse de que cumple las obligaciones que asumió después de la guerra del Golfo Pérsico.” En líneas generales no podemos dejar de mencionar que temas como la defensa contra misiles, las amenazas de las armas de destrucción masiva (ADM) y el terrorismo internacional han estado y están íntimamente relacionados con las problemáticas arriba mencionadas.En lo que respecta a Irak, el reto que enfrentaba la administración Bush en sus inicios, como en los momentos de campaña electoral, se refería al cumplimiento  por parte del régimen de Saddam   Hussein  a las inspecciones de armas estipuladas por  las Naciones Unidas. Entendemos que ya desde la conformación del equipo de política exterior de Bush, es decir, desde el momento en que Bush elige a sus consejeros,  se tenía presente la idea del cambio de régimen en Irak. Lo que consideramos en el presente trabajo es que los planes de derribar al régimen de Saddam Hussein provenían de tiempo atrás: una tarea inconclusa que había dejado la administración de Bush padre. Esta idea de destituir a Hussein era proclamada por el sector neoconservador desde la década del noventa, no siendo defendida por aquellos que ejercían y decidían las políticas de gobierno. Como ya hemos mencionado, China y Rusia ocuparon un rol de mayor protagonismo respecto los temas de política exterior durante la campaña del 2000, lo cual no quiere decir que Irak como actor del sistema internacional haya sido desestimado. Así,  durante la administración de George W. Bush se pudieron materializar las propuestas del establishment neoconservador que habían sido rechazadas por Bush padre y por Bill Clinton.  Durante la administración de Bush hijo, los neoconservadores desempolvaron y llevaron a la práctica ideas y políticas en Irak posibilitados por los atentados terroristas de septiembre de 2001.  A partir de la lucha contra el terrorismo se vincula al dictador Hussein con organizaciones terroristas, especialmente la organización terrorista Al-Qaeda y con la posesión de armas de destrucción masiva (ADM), químicas, biológicas y nucleares. Los argumentos esgrimidos  contra el régimen de Hussein se basaron en primera instancia en los temores de Estados Unidos de que Irak almacenase armas de destrucción masiva. Cuando fue incuestionable que la capacidad del dictador iraquí para amenazar la seguridad de Estados Unidos era inexistente, ya que las ADM nunca fueron encontradas por los inspectores de las Naciones Unidas, el justificativo de emprender una  guerra se encontró en los derechos humanos y la democracia.En referencia a Rusia, podemos esbozar que al asumir G.W. Bush la presidencia, se consolidó una visión de Rusia diferente a la de Clinton: era escéptico con respecto a la política de control de armas que se negociaba desde los sesenta y quería desarrollar su propuesta de Defensa Nacional con Misiles y para ello tuvo que denunciar el tratado ABM (SALT I). En los primeros meses de gobierno, la administración norteamericana se refugió en la tradición realista que priorizaba el análisis de la acción externa de los Estados y no sus condiciones domésticas. Hecho que cambió fundamentalmente a partir de los atentados de septiembre de 2001 y, de la guerra de Irak. A posteriori de los hechos mencionados se inicia un periodo de acercamiento y colaboración entre ambos países, en donde la relación se fortaleció. Sin embargo, Rusia dejó de ser una prioridad estratégica para Estados Unidos: la preeminencia de la administración Bush fue la guerra contra el terrorismo. Rusia aceptó la presencia de tropas americanas en Asia Central y las acciones en Afganistán, a cambio de que Estados Unidos se mantuviera al margen de las políticas aplicadas en Chechenia y la aceptación  de la membrecía plena de Rusia en el G8.  No obstante se debe mencionar que por momentos hubo colisión de intereses, así lo demuestra la oposición rusa a las decisiones del gobierno norteamericano tomadas unilateralmente y no legitimadas por medio de Naciones Unidas, como la invasión a Irak o un eventual ataque a Irán. Respecto a China, como ya mencionamos, era considerada una amenaza estatal principal. Al inicio de la gestión, fue reconocida como el único país que en el mediano plazo (aproximadamente unos 25 años) representaría un desafío real al poder americano. La  administración Bush cambia la dirección de las relaciones con China que había implementado Bill Clinton el cual la consideraba un aliado estratégico a otra en que China era calificada como un competidor estratégico.No podemos dejar de mencionar los rasgos generales de la relación entre la administración Bush y Europa. La primera visita que realiza Bush en calidad de presidente al viejo continente se produce en junio de 2001 y España fue  el primer país en ser visitado. Si bien podemos definir la relación imperante entre Bush y los principales líderes europeos como cordial, existían temas que provocaban un profundo desacuerdo. Entre ellos: la negativa a firmar el Protocolo de Kyoto , la no aceptación al Tribunal Penal Internacional, la exigencia del desarrollo de una política común de seguridad y defensa en Europa, autónoma de la OTAN, el Convenio de Armas Cortas, el Convenio de Minas Antipersonales . La actitud unilateral de Bush era claramente percibida por los europeos aún antes del 11 de septiembre  más allá que esta se acentuaría a partir de la guerra contra el terror que emprendió la administración republicana. Como ya hemos mencionado la amenaza terrorista generó la ocasión para un aumento en el presupuesto de defensa estadounidense. El presidente Bush aprovechó la cumbre de la OTAN del 2002 para instar a los europeos a aumentar su gasto militar, el cual para ese año era de 150.000 millones de euros al año. El gobierno alemán, por ejemplo había reducido su presupuesto al ordenar menos aviones militares de transporte y misiles aire-aire de lo planeado. La brecha tecnológica entre Estados Unidos y Europa en reconocimiento, comunicaciones, armas de alta tecnología y movilidad estaba destinada a ensancharse .Podemos concluir que las fricciones entre Estados Unidos y Europa derivaban principalmente del unilateralismo americano, señalando como el acto más grave de unilateralismo estadounidense  el anuncio por parte de la Administración Bush de la guerra en Irak. Sin embargo no podemos desconocer el respaldo que contó Bush de parte del Primer Ministro Blair y el presidente Aznar, como tampoco dejar de mencionar que quienes representaron el más crudo rechazo a la guerra en Irak fueron los gobiernos de Francia y Alemania. Entendemos que si bien al inicio de la guerra contra el terror el respaldo a las acciones de Bush era casi masivo, éste se fue debilitando, siendo la guerra de Irak el punto de inflexión, en donde  tampoco Rusia y China respaldaron un accionar al margen de los organismos internacionales.III) Bush y su equipoLa administración Bush estuvo muy dividida durante sus primeros meses. Como ya mencionamos en reiteradas ocasiones, en un principio había una inclinación hacia la visión realista de que Estados Unidos  no debía entrometerse en los asuntos internos de otros países. Claramente la visión realista predominó al momento de diseñar la política exterior y durante los primeros meses de gobierno de Bush. Sin embargo, a consecuencia de los atentados perpetrados a las torres gemelas y al Pentágono, tanto la política interna como la externa se verían alteradas.Obviamente a los fines del trabajo nos ocuparemos de aquellas acciones que refieran a la dimensión estratégica- militar de la política exterior y a aquellas que estén estrechamente vinculadas a las mismas. Por cierto que Estados Unidos, la única superpotencia mundial, fuese vulnerada de la manera en que lo fue generó un punto de inflexión que determinó que la política doméstica y externa de Estados Unidos dieran un vuelco importantísimo. Había que reformular la política exterior existente, Bush y su equipo serían los encargados. En palabras de Nye:“George W. Bush inició su presidencia como un realista tradicional con poco interés en la política exterior; sus ambiciones por alterar la gran estrategia estadounidense sólo aparecieron después del 11-S. Afganistán era el primer objetivo de la política, e Irak era el lugar más viable donde asestar el siguiente golpe”. Los sectores neoconservadores y sus apoyos, como Cheney, Rumsfeld, y el Departamento de Defensa en general, se contraponían a los sectores más pragmáticos como Powell y el Departamento de Estado. Condoleezza Rice mostró una tendencia más pragmática, aunque muchas veces defendió posturas cercanas a la visión de los sectores duros de la administración. En líneas generales, Bush  y su equipo acordaban en cuanto al papel hegemónico que Estados Unidos debía ejercer en el escenario internacional, sin embargo había desacuerdos respecto a la manera de llevar adelante esa dominación. Según Phyllis  Bennis:“Powell tenía en mente un “consenso” internacional controlado por Estados Unidos, aunque fuera militarizado, en cuyo nombre se impondrían las políticas estadounidenses. Bush reafirmó desde el principio su audaz enfoque unilateral.” En referencia a Colin Powell podemos mencionar que sirvió prácticamente durante toda su carrera en Washington y tuvo diversos trabajos de creciente perfil político, como por ejemplo el de Asesor Militar Superior del Secretario de Defensa y del Asesor de Seguridad del Presidente Reagan.  Powell fue un actor significativo del posterior proceso de politización de los militares norteamericanos y su progresiva identificación con el partido Republicano. También fue el responsable, entre otros, de alterar las relaciones cívico-militares en Estados Unidos. En ese marco, acordó con la posición de las Fuerzas Armadas que reclamaban el establecimiento de reglas precisas para decidir el uso de tropas en el extranjero y, algunos años después, supervisó el discurso del Secretario de Defensa de la Administración Reagan, Gaspar Weimberger, donde se aprobaron las seis condiciones que tenían que ser reunidas antes que el país se comprometiera en Combate (interés vital, la decisión de ganar, objetivos claros, Fuerzas apropiadas, respaldo del público y del Congreso y el uso de la fuerza como último recurso). Durante la administración de Bush padre fue el responsable de lo que se conoció como la Doctrina Powell o “Exit Strategy”. En dicha doctrina  expuso sus exigencias para que tropas norteamericanas actuaran fuera de los Estados Unidos. Defensor de utilizar la guerra como último recurso, privilegió el agotamiento de las instancias diplomáticas -incluida la diplomacia coercitiva- antes que el uso de las armas como forma de construcción de poder.
El Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council) se encontraba bajo la dirección de la Consejera de Seguridad Nacional (Nacional Security Advisor) Condoleezza Rice, quien ya había trabajado  en el mismo durante  la Administración de Bush padre como Directora para Asuntos Soviéticos, para ese entonces el director era el general Brent Scowcroft. Anteriormente Rice se había desempeñado como Rectora de la Universidad de Standford.  Formada en la tradición realista de Kissinger, se oponía al intervencionismo humanitario de Clinton, y a las aventuras en el exterior si los conflictos no eran esenciales para la seguridad de Estados Unidos. Abogó para que Estados Unidos redujera los compromisos internacionales y su participación en las operaciones para el mantenimiento de la paz en el mundo. Sin embargo, estos lineamientos de política exterior se verían modificados tras los atentados de septiembre de 2001.Por su parte, Dick Cheney (Vicepresidente) es considerado un nacionalista agresivo, fue Secretario General de la Casa Blanca durante la presidencia de Gerald Ford (1976-1978) y Secretario de Defensa durante la administración de Bush padre (1988-1992) y durante los años de Clinton se dedicó a la actividad privada. Es considerado uno de los vicepresidentes más influyentes de la historia de Estados Unidos. A finales de los ochenta se había rodeado de jóvenes intelectuales en su mayoría vinculados a la escuela neoconservadora: Paul Wolfowitz, Stephen Hadley y Lewis Libby (neoconservadores), quienes durante el gobierno de Clinton trabajaron en diversos Think Tanks elaborando documentos sobre el peligro que suponía el Irak gobernado por Saddam Hussein. Al llegar a la vicepresidencia Cheney se rodeó de estos hombres, instalando a varios neoconservadores en algunos puestos claves de la administración, especialmente en el Departamento de Defensa, el cual estaba a cargo de un nacionalista: Donald Rumsfeld. Wolfowitz quedó como subsecretario del Departamento de Defensa, área que conocía ya que había trabajado en él durante la administración Reagan. Libby fue nombrado director de  gabinete de Cheney en la Vicepresidencia  y Richard Perle presidió el Defence Policy Board que estaba a disposición del Secretario de Defensa.  De esta manera Kern describe las personalidades arriba mencionadas:“…Cheney y Rumsfeld comparten la misma visión estratégica y la creencia en la importancia del poder militar de EEUU, y ambos ven con escepticismo el hacer concesiones a otros países. A veces tachados de ser su propio eje del mal dentro de la Administración, Cheney y Rumsfeld han trabajado juntos de forma continuada para minar a Powell en casi todas las cuestiones principales de política exterior. Como resultado, Powell ha influido poco, por no decir nada, en el proceso de toma de decisiones de seguridad nacional, y tampoco ha sido eficaz en la defensa de los argumentos de la Administración en el extranjero. Rumsfeld, un hábil político en el ambiente de Washington, ha descrito los diferentes enfoques de los Departamentos de Estado y de Defensa de la siguiente forma: El trabajo de Powell es hablar hasta acabar con ellos y el mío darles en la cabeza. Rice cuenta con un activo inmensurable del que no disponen Powell, Cheney y Rumsfeld: su inigualable cercanía a Bush. La diferencia entre Rice y Powell difícilmente podría ser mayor: ella comparte gran parte de la visión básica del mundo de Bush y ambos son políticamente conservadores y devotos cristianos. Rice es la perfecta personificación de la política exterior de Bush y es probable que refleje las opiniones de éste en todas las políticas clave” .Claramente desde septiembre de 2001, Rice defendió una política exterior estadounidense firme y en ocasiones unilateral, afirmando: “Estos no son tiempos normales”. Rice se calificó a sí misma en el pasado como una pragmática que entiende que las luchas de poder en el escenario mundial requieren hacer concesiones. Pero ha afirmado: “No puede existir una ausencia de contenido moral en la política exterior estadounidense”.Por su parte, Paul Wolfowitz, nació en el seno de una familia de judíos practicantes. A finales de los sesentas estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Chicago. Durante la administración Clinton fue decano de la Johns Hopkins School. Wolfowitz es considerado un neoconservador y uno de los primeros en decir en 1991 que había sido un error dejar a Hussein en el poder, aseveró en ese momento que había que terminar con el Baaz iraquí.Otro destacado neoconservador es Lewis “Scooter” Libby, también de padres judíos practicantes, inició su carrera política en la administración Reagan, siendo   asesor de Paul Wolfowitz en el departamento de Estado, en 1981. Como principal asesor (Jefe de gabinete) del vicepresidente Dick Cheney, participó en casi todas las decisiones más importantes tomadas por la administración Bush. Sin embargo, tras una investigación respecto a la identificación de un agente secreto de la CIA (Valerie Plame), Libby fue acusado de obstruir la justicia y mentir, en 2007 fue hallado culpable, aunque su renuncia a la jefatura fue en 2005. Finalmente otro reconocido neoconservador es Douglas Feith quien durante la administración de G.W. Bush se desempeñó como sub-secretario adjunto de Defensa (es el tercer funcionario en importancia) desde 2001 a 2005. Feith fue señalado como el responsable de haber proporcionado a la Casa Blanca informaciones poco fiables que sirvieron en gran parte para justificar la invasión estadunidense a Irak. Un estudio presentado ante el Comité de Defensa del Senado americano en febrero de 2007 demostró que el Departamento de Defensa de Estados Unidos utilizó entre 2002 y 2003 fuentes e informaciones discutibles para confeccionar sus informes secretos de cara a los preparativos para la guerra de Irak. El documento sostenía  que se  utilizaron  pruebas dudosas respecto a la vinculación entre Irak y la red terrorista Al-Qaeda. Las informaciones del servicio secreto sobre las relaciones entre Bagdad y Al-Qaeda fueron manipuladas por altos funcionarios, entre ellos Feith, para poder apoyar la decisión del gobierno de invadir Irak. Debemos recordar que bajo la supervisión de Feith se encontraba la  Oficina de Planes Especiales del Pentágono, la cual se ocupó de la planificación de la posguerra y jugó un papel importante a la hora de estipular tropas que serían desplegadas durante la ocupación. Finalmente Feith abandonó el cargo en el Pentágono en 2005 y comenzó a trabajar en la Universidad de Georgetown en Washington. A partir de este breve repaso de los principales funcionarios de la administración Bush podemos señalar que ellos han sido los encargados de efectivizar las acciones y decisiones fundamentales que emprendió dicha administración. Nos dedicaremos en el capítulo III a desarrollar los elementos fundamentales de la dimensión estratégica de la política exterior que estos actores han sabido desarrollar.

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