Sutil coincidencia de un libro “La Ladrona de vestidos” con el traje de Angelina.

BOCETO 1

 

El pasado junio se lanzaba en Reino Unido un libro que esta semana llegará a las librerías españolas de la mano de Lumen. La ladrona de vestidos, de Natalie Meg Evan, tiene todos los ingredientes para convertirse en El tiempo entre costuras inglés. Se mueve en la época de Coco Chanel, Lanvin, Vionnet y Schiaparelli, describe cómo es el trabajo de un taller de alta costura, los desfiles en los años 30, la intrahistoria del negocio y la relación con las clientas. Puro Pret a porter literario. Pero además, desde que hemos visto que el vestido de Angelina Jolie  se adornaba con dibujos de sus hijos, la novela contiene el enigma de si Angelina se habrá inspirado en la protagonista al decidir customizar el velo, la espalda y la cola de su modelo nupcial.

Para quienes ya conocían el texto antes de que estos días llegue a las librerías, la relación entre esta ficción y la decisión de la estrella de personalizar el traje de su boda ha sido sorprendente. Porque, uy, (CUIDADO:¿spoiler?), un momento clave de la novela se resuelve cuando la protagonista decide incluir garabatos de niños en sus telas. Justo idéntico al gesto con el que Angelina ha resuelto el secreto más deseado de una boda, su vestido.  Dolors Massot, es profesora de Moda en la Universitat Internacional de Catalunya y en la ESERP Business School y cuenta, todavía con asombro, que la asociación fue inmediata. “Me enviaron el libro en agosto y cuando vi la portada de Hello! me vino a la cabeza inmediatamente el pasaje de la novela. Porque, además, en el libro, aquel estampado de dibujos infantiles produce sorpresa y es parte esencial de la trama final. Y es exactamente el mismo efecto que ha conseguido Angelina Jolie en la opinión pública: ha sido una elección inesperada entre los medios de comunicación, que ya es decir en un mundo en el que todo está mediáticamente previsto”, argumenta.

Atelier Versace no se ha conformado con estampar y ha bordado los dibujos para que enriquecer el tejido y, aunque en la novela Alix no dispone de recursos económicos para bordar, los lectores verán que le saca mucho partido a la decisión y que este elemento sorpresa será esencial en la trama.

Exactamente igual que ha ocurrido en el caso del vestido de Jolie, cuya singularidad alimenta la fascinación con la que observamos a las estrellas. Sus vidas parecen ir siempre acompañadas de música extradiegética y cualquier acontecimiento, una boda especialmente, se parece más a un pasaje literario o cinematográfico que a un episodio vital accesible a cualquiera. Aunque, reconozcámoslo, cualquiera no posee la excentricidad de convertir su vestido de novia en lienzo de sus hijos. 

En Lumen ignoran si la actriz ha leído el libro y señalan que la autora tampoco puede confirmarlo pero que, efectivamente, “la coincidencia es divertida”. 

Lo que sí subrayan es que el traje de Angelina elogia la customización, cuyo origen está muy bien descrito en el relato al contar con detalle que los vestidos que se copiaban en Europa se adaptaban después a las clientas americanas y, en el vestido de Jolie, o sea, un diseño de una gran firma, se modifica también para adaptarse al gusto y, en este caso, al antojo maternal, de una cliente.

Massot conecta este episodio que mezcla literatura y realidad con lo que ocurre en las entrañas de la moda: “Al principio, Alix se dedica a copiar pañuelos de Hermès, luego patrones y más adelante a robar vestidos. Con sus copias, que hace en París, unos fabricantes venden las prendas en Nueva York casi al mismo tiempo que los originales. Si Angelina Jolie se hubiera inspirado en el libro para diseñar su vestido y le hubiera copiado la idea a una copiadora, tendríamos el ejemplo perfecto de cómo funciona el sistema de la moda. Me parece muy divertido por los paralelismos que uno puede hacer con lo que ocurre hoy entre los desfiles de los grandes diseñadores y marcas más accesibles. La copia es parte del sistema de la moda y Angelina habría materializado ese engranaje sumándole la literatura”, apunta.

Quizá el misterio no se resuelva y no lleguemos a saber si Angelina, o el diseñador de Versace Luigi Massi, habían leído la novela antes de decidir incorporar la expresividad artística de los retoños brangelinos al vestido de novia más comentado de la temporada. Pero sin duda, esta serendipia literaria puede convertirse en el mejor regalo de promoción para una novela que llega a las librerías coincidiendo con la llegada de Hello! a los quioscos.

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Fuente: elpais.com

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