“El invierno mas oscuro”

El lucero de mi amanecer.

Mama Beba. Mi madre.

Mama Beba. Mi madre.

*Por Ayelen D’Angelo.

Vestuario mortecino y paraguas en mano, enlutan mis días de este particular invierno. Te fuiste mama. Partiste para siempre. Mi corazón todavía no estaba preparado para verte volar. Recuerdo nuestros cafés con charlas infinitas, en donde te contaba como eran mis jornadas intensas y los sueños por venir. Me mirabas con esos ojos negros alargados y grandes, iluminados por la belleza de tu alma. Las pecas en tu rostro y tus manos delicadas y cuidadas con esmalte rojo de peluquería, parecían revitalizarlo todo. Y con un pase de tus dedos mágicos arreglabas en un “abracadabra” mi vida. Me decías como arreglarme, quienes eran mis verdaderas amigas y como vestirme. Me aconsejabas a quien entrevistar en la radio y los temas de interés del momento. Datos que recopilabas de tus programas favoritos de televisión. Te vi llegar esa tarde, a nuestro ultimo café. Y me pregunto como no me di cuenta que era nuestra ultima charla. Llegaste un poco mas tarde, hacia un rato que te esperaba y me enviaste un mensaje que estabas demorada. Cuando ingresaste te veías cansada y con un andar mas despacio de lo habitual. Tu rostro estaba pálido. Pero yo siempre te veía tan bien, tan fuerte y entera. Me comentaste que se te dormían las manos. También tus amigas, cuando partiste;  me comentaron que les habías contado los síntomas del hormigueo. No pude visualizar tanto dolor en vos. Tal vez ya sabias de tu diagnostico, porque el cuerpo y la mente humana son tan poderosos. Hasta el fatídico momento en que se te cayo el mate de la mano y mi hermano nos alerto que algo raro pasaba.

Esa misma tarde te llevaron papa y mi hermano a la guardia. El diagnostico fue inminente y demoledor. Cuando nos dieron los resultados de los estudios nos dijeron que tenias un tumor cerebral. En seguida papa se comunico con todos los hijos, que somos seis. Dándonos la peor noticia. A mama la tenían que operar del cerebro y sacar el tumor. De acuerdo a los resultados continuaría luego de la intervención quirúrgica,  con radioterapia. Así te fuiste apagando. La intervención no pudo con la enfermedad y te fue ganando día a día.  Hasta tu ultimo exhalar hacia tu descanso eterno. Después de tu partida mama, los días fueron réquiem para mi. No solo las hojas secas andaban por el piso, rodando, tratando de encontrar un cuerpo vacío en donde poder anclar su flota. En las paredes y muros del tiempo se lee la mancha de humedad, de la nostalgia, que en mi; era mas obvia. Cada uno y de forma surrealista encuentra y da la forma que quiere a su contorno onírico. Pero en mi caso este invierno deje de soñar. Mi energía de amor perdió su pilar y ahora tengo que vivir sin tu columna cariatide para sostener mi espalda.
El comienzo del frío es hacer preguntas. La nube gris se exhala hasta por las narices. Tu ausencia dejo en mi un vacío infinito que todavía siento a diario. Con ganas de vomitar tristeza por el dolor lacerante de tu inconmensurable desaparición. La niebla de mi corazón lidera el cielo en pinceladas monocromáticas y la lluvia lamiendo los cristales, tantos alientos empañando los vidrios… Esperaba, una bonita tarde de sol, como la de este domingo cualquiera. Algo que me de luz en serio, que rete a levantarme y dar cara de frente. Busco mi sombra dispuesta a  conversar. Algo trascendente…desahogar tantas lagrimas y tantos silencios. Para poder continuar.
Durante los días de invierno, y acompañando mis rutinas. Algunos días y noches, tengo la sana costumbre de impacientarme ante el fin del día. Observo, mitad contenta, mitad ansiosa, los anocheceres cortos a las 18:30 hrs. de la tarde y el cielo plagado de estrellas. Y siento que me disgusta tanta oscuridad, tanta soberbia gélida y tantos silencios durante tanto rato. La cruz del sur marca el destino y el lucero del amanecer que es mi madre. El cielo se muestra pesado y soberbio. Las personas caminan mirando el piso, aplastados por una tristeza incomprensible. Estamos hablando de la tristeza más cruel, por eso muchos de los sueños andan deambulando por los caminos. Enrarecidos por no encontrar vidas con garras para montárselos a caballo de su destino. Las penumbras hacen mella y huella. Algunos pequeños niños y sólo ellos por estos meses continúan alegres, jugando a la pelota, mientras algunos de los deseos más felices se ahogan en charcos y pisadas frías, tratando de sobrevivir o morir dignamente.
Entonces, pienso que lo más blando se revela a lo más duro. Que es la lluvia, la que derrite la tierra. Entonces, el “Invierno” es sólo el inicio. Sobra actitud y resta tiempo. La primavera vendrá y nacerán junto al calor nuevas flores y por fin renacerán todos los sueños. Todavía queda tiempo para cumplirlos. Dame fuerzas mama, para sobrellevar el invierno mas oscuro. Mientras tanto, sigo viviendo.

Hoy les traje esta frase:

En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”.

Khalil Gibran

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