El adiós más largo y doloroso

Durante toda la tarde, Plaza de Mayo fue el escenario de miles de personas que se acercaron para despedir al ex presidente Néstor Kirchner y brindarle su apoyo a la presidenta, Cristina Fernández. Una jornada histórica.

Multitudinaria despedida a Néstor Kirchner. Foto: La Nación.

Por Daniel Vico.

El niño, menor de 13 años, con una pequeña bandera argentina en cada mano, interroga a la señora que lo acompaña: “Mamá, ¿tan querido era Néstor?”. La madre, con un buzo atado en la cintura y con rasgos de sudor en su cuerpo, mira a su hijo quien todavía espera la respuesta con curiosidad, y le dice: “Sí, Francisco. Parece que sí. Mirá la plaza”. La escena corresponde a una de las tantas que se observó durante toda la tarde en Plaza de Mayo, en el velatorio del ex presidente, Néstor Kirchner.

Un grupo, de no más de diez personas con remeras blancas con letras azules que dicen “Municipalidad de Ezeiza”, avanza rápidamente sobre Hipólito Yrigoyen hacia el centro de la plaza. También llevan una foto, que se repite en distintos carteles, en la que se ve al ex presidente abrazado a su esposa y actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Debajo de la imagen, una frase: “Fuerza Cristina”.

Las pancartas de la Municipalidad de Ezeiza se cruzan con una bandera nacional de más de dos metros de largo. En la misma, con letras negras se lee: “Ituzáingo con Cristina” En el medio de ambos grupos, un señor de unos 40 años arroja papeles al aire con la leyenda: “Fuerza compañera Cristina. Horacio González, presidente de la honorable Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires”.

Tres oficinistas, de traje y con anteojos de sol todos, caminan por Reconquista hacia la Plaza de Mayo. Al llegar a Avenida Rivadavia se frenan. Uno de los tres se molesta por la cantidad de gente que hay. Otro, se saca de encima de los hombros un volante que llevaba la cara de Néstor Kirchner y decía: “Millones de lágrimas censadas”.

A pesar de ser diferentes sectores y sindicatos de la sociedad los que se encuentren presentes en la plaza histórica del país, para brindarle su apoyo a la Presidenta y despedir al ex Presidente, parecen ser un mismo grupo cuando cantan al unísono: “Ohhh yo soy argentino, soy soldado del pingüino”. La canción, con ritmo de cancha, se repite una y otra vez hasta contagiar a todo el público en el lugar. Los pocos que no cantan, no dejan de llorar.

Por la Casa de Gobierno, ya desfilaron distintas personalidades tales como Diego Maradona, Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto. También, el presidente de Ecuador, Rafael Correa; de Uruguay, Enrique Mujica; de Bolivia, Evo Morales y de Chile, Sebastián Piñera, quien aseguró que la muerte de Kirchner constituye “una pérdida no solamente para la República Argentina, sino para toda América”.

Néstor Carlos Kirchner, nació el 25 de febrero de 1950 en Río Gallegos. Estudió abogacía en la Universidad de La Plata, dónde conoció a Cristina Fernández, con quien llevaba más de 30 años de matrimonio. Fue el 54º presidente de la Nación Argentina, cargo que desempeño desde el 25 de mayo del 2003, hasta el 10 de diciembre de 2007. En esa misma fecha, el por entonces líder del partido político Frente para la Victoria, le entregó el bastón de mando y la banda presidencial a la mujer de su vida, Cristina Fernández de Kirchner. La misma mujer que hoy (vestida de negro y con anteojos oscuros para ocultar sus lágrimas), acompañada por sus hijos Máximo y Florencia, se encuentra dentro de la Casa Rosada, en el Salón de los Patriotas, parada junto al féretro que contiene el cuerpo de su marido. Sobre el mismo, descansan la idéntica banda y bastón presidencial que su esposo le entregó en aquel diciembre del 2007.

Ya entrada la tarde, mientras el niño citado al comienzo de esta crónica se va por Diagonal Norte con una sonrisa en su rostro y acompañado de su madre, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el Aeroparque Jorge Newbery, dice: “Yo era un Presidente solitario, hasta que apareció Lula, y poco después Néstor Kirchner”. El propio Kirchner, donde quiera que esté, debe estar contento porque él nunca fue solitario, ni como Presidente, ni como ex Presidente, al menos eso demuestra las 20 cuadras de fila que ya hay sobre Avenida de Mayo para despedir al personaje político más importante de la última década.

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