El pensamiento neoconservador – Capítulo I.

Por Paula Sanmarti.

A MANERA DE INTRODUCCIÓN

El 1 de enero de 2001 se produce el arribo de George Walker Bush a la Casa Blanca como presidente de los Estados Unidos de América.  Con su legitimidad cuestionada a posteriori de unas elecciones reñidas, nada hacía pensar que la administración de Bush pasaría a la historia como una de las más discutidas por su accionar en política exterior.

Consideramos que hechos externos a la administración como fueron los atentados de septiembre de 2001 a las torres gemelas y el Pentágono constituyeron el punto de inflexión que posibilitó la decisión de George W. Bush de dar inicio a la guerra global contra el terrorismo. La guerra en Afganistán significó el primer paso para tal fin, más tarde sería el turno del anuncio de una nueva Estrategia de Seguridad Nacional (2002), continuando este proceso con la guerra en Irak. Intervención ampliamente cuestionada por llevarse al margen del mandato de Naciones Unidas. Estos tres hitos que caracterizaron a la administración Bush en su primer mandato (2001/2004) continúan actualmente siendo duramente cuestionados y por el momento, específicamente las dos guerras siguen siendo un conflicto abierto que no encuentra pronta solución.

A tal fin y con el objeto de poder dar cuenta del proceso que se inició en 2001 con la asunción de George W. Bush como presidente americano decidimos realizar una investigación de carácter bibliográfica con un recorte temporal que se sitúa en el período 2001/2004. Sin embargo, por considerarlo necesario a los fines del presente trabajo hacemos mención a la campaña electoral del año 2000 como así también consideramos ciertas situaciones que se produjeron en el período correspondiente a la segunda administración Bush y señalamos algunos elementos de actualidad que dan cuenta que tanto en Afganistán como en Irak la pacificación está lejos de ser alcanzada.

Esta investigación está motivada por el deseo de poder alcanzar un entendimiento mayor de las decisiones de política exterior, específicamente en su dimensión estratégica-militar, que se fueron implementando en la mencionada administración. Consideramos relevante poder arrojar luz sobre el rol que jugaron los neoconservadores y la influencia que pudieron tener sobre la toma de decisiones de vital importancia. De esta manera nos dedicamos a indagar sobre este grupo llamado los “Neocons” y la influencia ejercida sobre George W. Bush.

Ciertamente el tema abordado en esta investigación cuenta con infinidad de artículos, trabajos, opiniones previas. Si de algo no nos podemos quejar es de la escasez de bibliografía referida al tema. Diferentes políticos, periodistas, politólogos, catedráticos e investigadores trataron el tema en cuestión. Posiciones de lo más disímiles y diversas se han escrito, algunas de ellas carentes de objetividad, otras carentes de sustento, otras muy apasionadas. Como así también presenciamos el caso de un reconocido autor, Fukuyama, que defendió cierta posición respecto a la política que debía llevarse a cabo en Irak y con el devenir de los acontecimientos revirtió su pensamiento.

Francamente, demasiados hechos concitan nuestro interés, excesivas posiciones encontradas, abundancia de opiniones y pareceres, tornando a este tema para nosotros apasionante y digno de esta humilde investigación. Nos proponemos tratar de ser lo más objetivos posibles y acercarlos a un relato ameno sobre la influencia de los “neocons” en algunos de los hechos más significativos de la dimensión estratégica-militar de la política exterior  de la primera administración de George W. Bush.

Para lo cual planteamos como hipótesis: el pensamiento neoconservador ha ejercido influencia y predominio en la política exterior de la primera administración Bush dando forma a la dimensión estratégico-militar de la misma.

Y nos trazamos como objetivo general de investigación: Analizar el impacto del pensamiento neoconservador sobre la dimensión estratégico-militar de la política exterior durante la primera administración Bush.

Finalmente señalamos que los resultados de esta reseña bibliográfica fueron distribuidos en una estructura de capítulos que es la siguiente: el Capítulo I  trata sobre El pensamiento neoconservador. Algunas inferencias sobre sus orígenes, contenidos e influencia en la política exterior de Estados Unidos; por su parte el Capítulo II refiere a La política exterior de Estados Unidos durante la primera administración de G. W. Bush (2001-2004); mientras que el Capítulo III aborda la Dimensión estratégica-militar de la política exterior de la primera administración de G. W. Bush. El trabajo finaliza con una conclusión.

CAPÍTULO I

EL PENSAMIENTO NEOCONSERVADOR: ALGUNAS INFERENCIAS SOBRE SUS ORÍGENES, CONTENIDOS E INFLUENCIA EN LA POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS UNIDOS

I) Sus orígenes

El tema planteado en este trabajo nos lleva a revisar los orígenes, contenido e influencia del neoconservadurismo en la política de Estados Unidos. En este primer apartado se intenta dar cuenta de los orígenes del pensamiento neoconservador, en segundo lugar se mencionan los supuestos e ideas centrales del neoconservadurismo; luego en los apartados tres y cuatro se hace una breve referencia a la vinculación de los neoconservadores con las administraciones de Reagan y de G. W. Bush, y finalmente se menciona la reformulación del movimiento neoconservador producida en la década del noventa.

A partir del supuesto ampliamente aceptado sobre la vinculación entre el pensamiento neoconservador y las políticas implementadas por el presidente George W. Bush durante su primer mandato, consideramos  pertinente mencionar cuáles han sido las raíces del neoconservadurismo.

Como Norman Podhoretz refiere en su artículo “Neoconservative, A Eulogy”,“Neo” significa nuevo, sugiriendo que el neoconservadurismo es un nuevo tipo de conservadurismo, que surge a mediados de los sesenta. El uso más generalizado del término neoconservadurismo se produce a fines de esta década, después de que Michael Harrington y sus compañeros socialistas decidieron denominar así a un grupo de intelectuales que habían comenzado a manifestar sus dudas respecto a las ideas y políticas de la izquierda que ellos mismos habían ayudado a desarrollar y a propagar en años anteriores.[1]

Los orígenes y la evolución del pensamiento neoconservador se puede rastrear en dos grandes momentos: los años  treinta y cuarenta, así como la década del sesenta. De esta manera observamos que la mayoría de los autores y analistas que han escrito sobre el neoconservadurismo como es el caso de Fukuyama[2] coinciden en señalar que las raíces intelectuales del movimiento neoconservador se encuentran en la década de 1940. En este primer momento notables jóvenes, en su mayoría de origen judío, cursaban sus estudios en el City College de Nueva York (CCNY). Universidades comoHarvard o Columbia, no estaban a su alcance, ya que estos jóvenes intelectuales casi todos hijos de inmigrantes y algunos criados en hogares donde se hablaba tanto el yiddish como el inglés, provenían de la clase obrera. Como figuras más destacadas se pueden mencionar a Irving Kristol, Nathan Glazer, Daniel Bell, Seymour Martin Lipset, Daniel Patrick Moynihan, entre otros. Autores como Micklethwait y Wooldridge refieren a una característica que llama la atención: la condición de trotskistas que muchos miembros del grupo ostentaban en sus inicios. Los autores mencionan que:

“este grupo había sido en su mayoría marxista de una u otra clase. Pero, con los años, abrazaron el liberalismo de toda la vida, el liberalismo de los valores meritocráticos, la veneración por la cultura y por una economía mixta vigorosa. Era, precisamente, la traición de ese liberalismo (opinaban) por parte de la izquierda lo que los había convertido en neocons.”[3].

John Judis en un artículo publicado en Foreign Affairs también reconoce la importante influencia del legado del trotskismo, junto con el militarismo geopolítico del  Memorándum NSC 68[4]. Muchos de los fundadores del neoconservadurismo, como Kristol, Glazer, Wohlstetter, fueron miembros o estuvieron cerca de la izquierda trotskista  a finales de  los treinta y principios de los cuarenta. Neoconservadores más jóvenes, como Joshua Muravchik, provenían en cambio del partido socialista y esto explica  en cierta medida el peso del internacionalismo[5] en el movimiento neoconservador. Como señala Judis:

“…tanto los primeros neoconservadores como los más jóvenes absorbieron de su pasado socialista un concepto idealista del internacionalismo”[6]

En este sentido Jude sostiene que los neoconservadores nunca vieron a la política exterior en términos del interés nacional o de balance poder, sino que primó la idea de política exterior en términos de cruzada. Y esta idea provenía de aquellos neoconservadores que habían participado de movimientos trotskistas y socialistas. En la misma dirección Jude asevera que el neoconservadurismo era una especie de trotskismo “invertido” que buscaba “exportar”  la democracia, de la misma manera que Trotsky imaginaba expandir el socialismo.[7]

Por otra parte, también un buen número de neoconservadores habían sido en su juventud liberales, como Irving Kristol y  Norman Podhoretz. Sin embargo, Kristol cuando era un joven intelectual en la década del treinta, tuvo un breve paso por el trotskismo, como más arriba se ha mencionado, y esto fue decisivo para su formación intelectual. A diferencia de Kristol, Podhoretz por ser 10 años más joven no estuvo involucrado en el viejo radicalismo propio de la década del treinta.

Ahora bien, aquellos neoconservadores que originalmente fueron hombres de izquierda, después de la  II Guerra Mundial dejaron de ser marxistas, se pasaron a la derecha y se transformaron en anticomunistas. El anticomunismo del grupo se conjugó con un rechazo hacia los liberales que simpatizaban con el socialismo sin comprender los “males” que este traía consigo. De esta manera se expresa el anticomunismo que promovían los neoconservadores; por su parte, la derecha también se oponía al comunismo, pero  los orígenes de las diferencias que tanto los neoconservadores como la derecha percibían eran distintas. En este sentido, queremos señalar que la derecha se oponía al comunismo por otras cuestiones. Como sostiene Busso:

“Los miembros de la derecha estadounidense se oponían al comunismo porque era ateo, rechazaba la economía de mercado y estaba implementado por una potencia hostil a los Estados Unidos. Por otra parte los liberales de izquierda, quienes compartían con los comunistas sus metas sociales y económicas, se desencantaron con el comunismo real de los treinta y los cuarenta por su crueldad y porque su monstruosidad socavaba la posibilidad de alcanzar esos objetivos idealistas. La preocupación sobre las buenasintenciones llevadas a sus versiones extremas concentró permanentemente la atención de este grupo y sus sucesores”[8]

De esta manera, el grupo nacido en el CCNY se caracterizó posteriormente tanto por su anticomunismo como por el rechazo hacia los liberales simpatizantes del comunismo. Su viraje hacia la derecha estuvo vinculado con  las noticias que llegaban respecto a la naturaleza del terror comunista y por el rol crucial que desempeñó Estados Unidos en la derrota de la Alemania nazi y Japón.  A principios de los cincuenta cuando el telón de fondo era la guerra fría, eran habituales las deserciones de la izquierda que ensanchaban las filas de los neoconservadores. Correctamente lo sintetiza Selden al afirmar:

“Originalmente el término neoconservador fue aplicado a ex izquierdistas quienes se transformaron en anticomunistas después de la II Guerra Mundial y en demócratas quienes se encontraron ellos mismos más en el campo Republicano en la posguerra de Vietnam. Pero la mayoría de los individuos identificados como “neocons” hoy son demasiado jóvenes para haber sido parte del grupo original o haber sido asociados con el Partido Demócrata.”[9]

Se suele identificar erróneamente al neoconservadurismo con un movimiento exclusivamente integrado por  intelectuales judíos,  tendiente a diseñar políticas en función de los intereses de Israel. A menudo los neoconservadores fueron acusados de constituir un grupo de presión pro-israelí en el gobierno de Bush. Desde ya, consideramos que esta percepción es exagerada y carente de sustento. Lo cierto es que muchas de las figuras neoconservadoras son de origen judío, como también tantos otros no lo son. De esta manera, diversos autores optan por reducir de manera peyorativa al pensamiento neoconservador por considerarlo un grupo de intelectuales en su mayoría judíos. Muravchik menciona: “Neocon es  ahora sinónimo de “ultraconservador” o, para algunos, “judío sucio”[10]

Algunos de ellos, no dudan  en afirmar que los neoconservadores son una banda de intelectuales que “secuestraron” la administración de George Bush. Tal es el caso de Zachary Selden quien afirma:

“Hay un sentimiento dominante de que la política exterior americana esta siendo conducida hacia un camino radicalmente nuevo por una pequeña banda de ideólogos quienes virtualmente  han secuestrado el proceso de decisión política”[11]

No obstante resulta simplista argumentar que durante la primera administración de G. W. Bush varios de los asesores del  presidente en asuntos externos y de defensa poseían apellidos judíos y que por tal condición desarrollaban la función de asesor presidencial.  Si bien, junto con otras tradiciones que han emergido de la izquierda anti-stalinista, el neoconservadurismo ha recurrido a intelectuales y activistas de origen judío, no por esta razón debe ser considerado un movimiento judío. También  son parte del movimiento católicos liberales como William Bennett y Michael Novak quienes habían comenzado en la izquierda católica. En este sentido, lo sostenido por Michael Lind, en un artículo publicado en The Nationcontribuye a clarificar esta percepción al afirmar:

“Con la excepción de su estrategia en Medio Oriente, no hay nada particularmente judío respecto a las visiones neoconservadoras en política exterior. Mientras el ejemplo de Israel ha inspirado a los neocons americanos a abrazar tácticas como la guerra preventiva (…) la estrategia global actual de los neocons se encuentra modelada principalmente por la herencia de la guerra fría anticomunista”. [12]

El autor destaca en su artículo que no sólo la historia de la guerra fría ha modelado la visión en política exterior de los neocons,  sino también la experiencia británica durante el siglo XX, cuando Gran Bretaña aún era una gran potencia mundial. Así observamos que reconocidos neocons como Charles Krauthammer y David Frum son inmigrantes de la British Commonwealth.[13]

Decíamos antes que Irving Kristol es uno de los padres fundadores del neoconservadurismo, dando origen al movimiento allá en la década del treinta. Más cercana en el tiempo, en la década del sesenta, surgió una segunda generación de neoconservadores que marcó una clara continuidad con la anterior. Este segundo momento neoconservador  emergió con la publicación de The Public Interest en 1965.

Lo importante, como sostiene Fukuyama era que los neoconservadores hablaban el lenguaje de las ciencias sociales. Estos pensadores, le dieron estímulo a la derecha. Se puede decir que los neocons revestían las opiniones conservadoras tradicionales del lenguaje de las ciencias sociales. Además de inspirarse en ellas también  escuchaban a un filósofo de la época, Leo Strauss[14].

Disímiles y variadas son las apreciaciones respecto a la influencia de Strauss hacia los neocons. Consideramos pertinente esclarecer que  existen puntos de contacto entre este politólogo y algunos neoconservadores, como puede ser el caso de Paul Wolfowitz e Irving Kristol. Por su parte, autores como Micklethwait y Wooldridge sostienen que Strauss fue la principal influencia intelectual sobre Kristol.

Algunos autores consideran a Strauss como el padre espiritual de los neoconservadores y al teórico que renovó el pensamiento conservador en Estados Unidos, otros lo tratan como un filósofo de derecha, casi fascista. Sus detractores lo tildan de antidemocrático y antiliberal. Claramente Strauss no era un neoconservador ni todos los neoconservadores son straussianos. Resulta difícil  pensar el neoconservadurismo sin hacer referencia a Strauss, sin embargo, el neoconservadurismo no es la aplicación de sus teorías.[15]

Strauss fue un filósofo político judío alemán, nacido el 20 de Septiembre de 1899 en Kirchhain, en Hesse. En la década del treinta, huyendo de la Alemania nazi se radica en Estados Unidos donde se dedica a ejercer como profesor universitario durante veinte años entre fines de los cuarenta y fines de los sesenta. En 1944 Leo Strauss obtuvo la nacionalidad estadounidense y en 1948, recomendado por Hans Morgenthau, comenzó como profesor de la Universidad de Chicago. La mayoría de su obra consiste en ensayos que interpretan a filósofos como Platón, Maquiavelo, Tucídides, entre otros. Strauss intentó trazar un vínculo entre teología, filosofía y política. De esta manera lo sintetiza Busso:

“…Emile, Perreau-Saussine  define el pensamiento de Leo Strauss de la siguiente manera: El Straussianismo se fundamenta en la idea de que la democracia liberal, con su énfasis en las libertades individuales, ha conducido a las sociedades occidentales a la decadencia y el desastre. Para Strauss había llegado el momento de que una elite se alzase para superar la debilidad y la falta de cohesión social causadas por el relativismo inducido por la filosofía post-socrática. La principal herramienta de esta nueva elite sería una mitología artificial, construida alrededor de la noción de que Estados Unidos goza de un destino único y asentada en el control de las masas ignorantes a través del engaño, el fervor religioso y la guerra perpetua. Esta mitología o “Texto Straussiano,” habría de tomar la un significado “exotérico,” accesible al lector medio, y otro “esotérico,” el verdadero, dirigido a sus reales destinatarios, la jerarquía social. Para Strauss, el renacimiento de las sociedades modernas debía ser protagonizado por una casta de políticos aptos, dispuestos a difundir con convicción estos mitos destinados a otorgar propósito y significado a las vidas de la gente corriente. Al hacerlo, habrán de apoyarse en valores morales o religiosos absolutos, distinciones maniqueas, que arranquen a la sociedad de las garras del relativismo. Pero no es necesario que un buen político crea en ellos, ni siquiera que sea religioso. Basta con parecerlo”.[16]

Por su parte, Fukuyama sostiene que Strauss no produjo doctrina, pero sí  promovía opiniones políticas como la defensa de la democracia liberal ante el comunismo o el fascismo. Admiraba a Churchill por oponerse a los mencionados regímenes totalitarios  y le preocupaba que la crisis filosófica de la modernidad pudiese socavar la confianza en sí mismo de Occidente.  Sin embargo, lo que le trasmitió a sus estudiantes no fue un conjunto de directivas de política práctica, sino más bien el deseo de tomarse en serio y comprender la tradición filosófica occidental. [17]

Strauss se dedicó a indagar el campo de la filosofía y no escribió explícitamente sobre política en general y política exterior en particular. Sin embargo, hay una idea trabajada por Strauss que sí ha tenido relevancia en la política exterior de la administración Bush, y esta ha sido la idea de “régimen”. Strauss trasmitió  la  concepción que tenía sobre el régimen político y su importancia. Respecto al vínculo con la administración Bush, Busso sostiene:

“Si bien existe un acuerdo generalizado sobre la importancia que, al menos en el discurso para la justificación de sus acciones externas, la administración de George W Bush le otorgó a la necesidad de cambiar los regímenes políticos de otros estados, el mismo se diluye al analizar tanto su efectividad como su adecuada interpretación de la herencia straussiana. Consecuentemente, la interpretación e importancia que la administración Bush le dio al cambio de régimen despertó un debate entre los mismos neoconservadores. Para quienes los acompañaron desde la academia y la prensa durante su gestión la propuesta de cambio de régimen, aunque sea basada en el uso de la fuerza, fue adecuada. Para otros, como el caso de Fukuyama, se basó en una lectura equivocada ya que se limitó a buscar exportar la experiencia americana a otras tierras, en lugar de proyectar instituciones a partir de los hábitos y experiencias de los pueblos locales. En ese sentido el autor destaca que el straussismo no cree en la universalidad de la experiencia estadounidense, ni en el camino natural hacia la democracia después de la dictadura. Para ellos el cambio de régimen es muy importante para modificar ciertos comportamientos, pero dichos cambios de régimen son extremadamente difíciles de conseguir”.[18]

En la década del sesenta, se produce un reposicionamiento partidario. Algunos conservadores parten hacia las huestes del Partido Republicano, el cual coincide temporalmente con el período posterior a la guerra de Vietnam.

Un rasgo distintivo de este grupo fue su capacidad de crear una red de instituciones que le permitiera mantener el mensaje conservador en un mundo liberal. Esto fue posible  gracias a que lanzaron revistas, organizaron fundaciones y crearon organizaciones. Se puede mencionar a The Public Interest, que surgió a mediados de los sesenta, Commentary que era un periódico mensual del Comité Judío Americano, y más tarde The National Interest que se centraba en asuntos internacionales, entre otras. Kristol tuvo  un rol clave en la creación de The Public Interest y una generación más tarde,The National Interest.[19]

Respecto a los lugares en que los neoconservadores se reunían, en este segundo momento se puede mencionar el Instituto Empresarial Americano (AEI) y otras instituciones que se iban sumando al círculo neoconservador como  la  Fundación Heritage -que abre sus puertas en 1973-, el Instituto CATO fundado en 1977. Estas instituciones estaban abocadas fundamentalmente a la formulación de documentos políticos, junto con la publicación de libros, organización de cursos, entre otras actividades. Y contaban con el apoyo de benefactores.  Estos benefactores eran en su mayoría hombres de negocios que preocupados por la inclinación de Estados Unidos hacia la izquierda  decidieron dar  impulso al movimiento conservador en general. A modo de dar cuenta del sustento económico con el que contaban estos Think Tank,  podemos mencionar que para la década del ochenta  el AEI contaba con más de seiscientas empresas patrocinadoras y que su consejo de administración estaba ocupado casi en su totalidad por empresarios. Las instituciones que  acabamos de nombrar no se sitúan sólo en Washington, en todo Estados Unidos existen más de cincuenta grupos conservadores, sacándole gran ventaja en número a los grupos liberales.[20]

Muchos de los que han sido miembros de la administración Bush, con altos cargos o funcionarios de rango medio, se han formado en instituciones conservadoras.[21]

Otras instituciones y publicaciones vinculadas al movimiento neoconservador que corresponde mencionar son: el Weekly Stándard(periódico semanal) y El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNCA). Este último  fue creado en 1997 y su informe más influyente se denominó“Rebuilding America´s Defense” publicado en el año 2000, fue una de las bases de la Estrategia de Seguridad Nacional del 2002.

Podemos afirmar que el  PNCA fue la principal plataforma de ideas neoconservadora para lanzar el proyecto sobre cómo debía estructurarse la política exterior norteamericana y el papel que Estados Unidos debía jugar en el escenario internacional.

El Weekly Stándard, fundado y dirigido por Wiliam Kristol, hijo de Irving Kristol, tiene una tirada relativamente pequeña si la comparamos con laNational Review o The Nation, sin embargo posee una gran fuerza intelectual e influencia.  Esta capacidad de influencia pudimos observarla el 1 de diciembre de 1997 cuando William Kristol y Robert Kagan escribieron una editorial en el Weekly Stándard titulado “Saddam debe irse” y un año más tarde, el PNCA le reclamaba a Bill Clinton mediante una carta acciones para despojar a Saddam de Irak. Entre los firmantes se encontraban Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz[22].

II) Conceptos e ideas claves del neoconservadurismo

Entre los conceptos desplegados por los neoconservadores  destacamos como centrales los siguientes: el cambio de régimen, el anticomunismo, el rechazo a la ingeniería social masiva, la unipolaridad y el excepcionalismo estadounidense. Estas ideas fueron rasgos característicos de la primera administración de George W. Bush, especialmente a partir de la guerra contra el terrorismo emprendida a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Es evidente la identificación que hubo entre las diferentes  políticas aplicadas por la administración Bush y los conceptos defendidos por los neoconservadores. Mientras que éstos exponían y defendían sus ideas en periódicos, publicaciones, Think Tanks, cartas abiertas a presidentes, la administración Bush hizo lo suyo a partir de los discursos y declaraciones presidenciales[23].

En la década del noventa William Kristol y Robert Kagan (1996) hicieron un gran esfuerzo por redefinir la política exterior americana como una política pública que tenía la misión de promulgar la democracia aunque fuera mediante  la intervención militar. Así, el cambio de régimen era la esencia de la acción externa norteamericana en la etapa neo-reaganeana y el eje estructural del pensamiento neoconservador. La administración de George W. Bush propició un espacio político en donde estas ideas fueron llevadas a la práctica en su máxima expresión[24].

La noción de cambio de régimen fue largamente trabajada por los “neocons”, quienes ya desde la guerra del golfo la pregonaban mediante la disolución del régimen de Saddam Hussein, tarea que quedó pendiente es decir,  inconclusa. La consideramos una tarea pendiente ya que para ese entonces la administración de Bush padre optó por la continuidad del régimen de Hussein. Cabe aclarar que el cambio de régimen también está presente en otra corriente de pensamiento: el internacionalismo liberal[25].

La administración de G. W. Bush incorporó en el diseño y ejecución de  su política exterior la idea del cambio de régimen, la cual se percibe claramente en las acciones militares emprendidas en Afganistán y en Irak en mayo de 2003. He aquí una primera vinculación entre los conceptos e ideas defendidos por los neoconservadores y las políticas aplicadas por el gobierno de Bush, con especial impacto sobre la dimensión estratégico militar de la política exterior.

Otra de las cuestiones centrales del neoconservadurismo reside en su profundo anticomunismo. Como más arriba se mencionó, se manifestaba en el  rechazo hacia el comunismo como hacia los liberales que tenían simpatía con el comunismo. El comunismo soviético era visualizado como la amenaza externa. Después de la guerra de Vietnam, los neoconservadores se limitaron a seguir considerando el comunismo, como un mal único, concepción propia de la guerra fría.[26]

Por otra parte, en lo referente al concepto de ingeniería social, cabe destacar que el movimiento neoconservador se constituyó en un férreo opositor.  Rechazaban la idea de que las políticas sociales aplicadas desde el Estado fuesen un instrumento útil para solucionar problemas como la pobreza, la discriminación, el crimen, entre otros. Ya que, según ellos, esas prácticas siempre dejaban como resultado sociedades más injustas y problemáticas que las que intentaban mejorar. Las políticas públicas enfocadas en la ingeniería social no podían, desde su perspectiva, modificar las raíces del problema ligadas a cuestiones culturales o a hábitos muy arraigados. Esta tarea debía ser llevada a cabo por otros actores sociales, como por ejemplo algunas instituciones intermedias. Mientras que, para los políticos demócratas y ciertos sectores de la izquierda liberal la ingeniería social debía ser un elemento central del Estado de Bienestar, para los neoconservadores constituía un peligro[27].

En los sesenta se produjo un enfrentamiento por los resultados en torno a la ingeniería social que confrontó a los neoconservadores y a la nueva izquierda, que se había consolidado a la sombra de la creciente oposición a la Guerra de Vietnam. Esta nueva izquierda abogaba por una mayor presencia del Estado para mitigar la desigualdad social.

Entre las políticas que los neoconservadores criticaban por considerar que fomentaban la ingeniería social a gran escala se destacan los programas de la Gran Sociedad y la Guerra contra la Pobreza del presidente Lyndon Johnson[28]. El apoyo a estas políticas  se empezó a debilitar a partir de 1960. Finalmente  un modelo nacional sin ingeniería social sería llevado a cabo durante la administración Reagan.

Otro concepto a destacar es el de unipolaridad. Krauthammer fue quien en 1991 se valió del término unipolarity para describir la estructura mundial que  estaba emergiendo tras la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La unipolaridad, o la polaridad es un término que refleja la distribución del poder en el sistema internacional, y no implica necesariamente que en una situación de unipolaridad se tienda a actuar unilateralmente. Unipolaridad y unilateralismo son dos categorías diferentes, el unilateralismo y el multilateralismo implican elecciones respecto a políticas que el Estado puede adoptar dentro del sistema internacional, por lo tanto un Estado que lidere el orden unipolar, puede actuar de manera multilateral.[29] Sin embargo, debemos reconocer que un orden unipolar favorece o facilita acciones por parte del actor más poderoso.

Podemos mencionar también, que el actuar unilateralmente implica proceder de manera independiente, sin tomar en cuenta los consensos políticos, los organismos multilaterales y los acuerdos previos. Para algunos  autores, la Estrategia de Seguridad Nacional aplicada en el año 2002 por la administración Bush inaugura formalmente el período unipolar, como política que privilegia los medios unilaterales. Las características propias del accionar unilateral estadounidense posterior a Septiembre de 2001 se deben a la posición de esta superpotencia dentro de la tradicional estructura de poder internacional, dentro de la cual ostenta su superioridad respecto al poder militar, económico y tecnológico. Sin embargo, algunos autores como es el caso de J. Nye prefieren no hablar de manera contundente de unipolaridad, dando a entender que la unipolaridad norteamericana sí se vislumbraría en el plano estratégico militar, mientras que en el plano económico-financiero-comercial existen actores estatales que también ejercen  liderazgo, como es el caso de Japón.

Finalmente y no por eso menos importante  hacemos  referencia al excepcionalismo estadounidense. Es un concepto desarrollado inicialmente por Alexis de Tocqueville en su libro “La Democracia en América”. Al excepcionalismo estadounidense se lo puede considerar una fuerza profunda que permite delinear la identidad nacional de Estados Unidos. Los componentes culturales, institucionales y materiales son los causantes de este excepcionalismo, los cuales han impactado tanto en la política exterior del país del norte como en el sistema internacional.[30]

La caracterización que Tocqueville hace de Estados Unidos respecto a otras naciones no es que sea ni mejor ni peor, sino que Estados Unidos es cualitativamente diferente. Sin embargo, existen otras interpretaciones sobre cómo lo vive la propia sociedad americana. En este sentido, Busso analiza el contenido del excepcionalismo y subraya la autopercepción de superioridad que genera en el pueblo de Estados Unidos.

“…entre los componentes principales del excepcionalismo [se destacan] la ideología vinculada al nacimiento de un sistema político nuevo con todo lo que ello implica (respecto a la Constitución y las instituciones, estabilidad democrática, división de poderes, libertades individuales protegidas frente al Estado, etc.); la ausencia de clases sociales en el sentido europeo y el rechazo a partidos de izquierda; las condiciones geográficas o ambientales que favorecieron un gran desarrollo económico y el moralismo religioso. Si bien la suma de estos componentes fue interpretado por Tocqueville como la llegada de un sistema político distinto, lo cierto es que la mayoría de los americanos la han interpretado y vivido con un sentimiento de superioridad que ,en numerosas ocasiones, es ligado a la noción de un destino de origen providencial.”[31]

Dentro de los conceptos promovidos por los neoconservadores y estrechamente relacionado a los puntos anteriores se encuentran el unilateralismo estadounidense y el  imperativo moral de expandir los valores de su nación al resto del mundo. La idea de que los valores y el sistema político americano son excepcionales  y que por lo tanto deberían ser imitados por el resto de las naciones del mundo es un eje central de la cultura norteamericana. Este excepcionalismo norteamericano refiere a la universalidad de los valores democráticos, y la ostentación de  las bondades del poderío norteamericano. Como sostiene Busso:

“En este sentido el contexto socio – cultural americano ha sido históricamente influenciado por un mesianismo tanto religioso (Dios está de nuestro lado) como laico (nuestros valores y nuestras instituciones son las mejores)”.[32]

Es posible observar cómo los conceptos de cambio de régimen, anticomunismo, ingeniería social, unipolaridad y excepcionalismo estadounidense han sido articulados por parte del neoconservadurismo y han operado en ciertas políticas exteriores.

Consideramos oportuno citar de Fukuyama los cuatro principios básicos del pensamiento neoconservador que explican las posiciones políticas de sus seguidores y los distinguen de otras escuelas de pensamiento sobre política exterior. Estos son:

  • “la creencia de que el carácter interno de los regímenes importa y la política exterior debe reflejar los valores más profundos de las sociedades democráticas liberales. Entre los neoconservadores es más habitual la opinión de que la naturaleza del régimen afecta a su comportamiento externo que la visión realista de que todos los Estados buscan el poder con independencia del tipo de régimen.
  • La creencia de que el poder de Estados Unidos ha sido y puede ser utilizado con fines morales, y de que el país debe seguir implicado en los asuntos internacionales. La política exterior neoconservadora posee una dimensión realista: la comprensión de que el poder a menudo es necesario para lograr objetivos morales. Como potencia dominante, Estados Unidos tiene responsabilidades especialmente en el ámbito de la seguridad. (…)
  • La desconfianza en los proyectos ambiciosos de ingeniería social. Las consecuencias adversas de los esfuerzos ambiciosos de planificación social son un tema  continuo en el pensamiento neoconservador, que enlaza la crítica al estalinismo de los cuarenta con el escepticismo deThe Public Interest hacia la gran sociedad de los sesenta (…)
  • El escepticismo acerca de la legitimidad y eficacia del derecho y las instituciones internacionales para aportar seguridad o justicia. Por más que se haya tildado a los neoconservadores de wilsonianos, lo que Woodrow Wilson pretendía era fomentar la democracia a través de la creación de la  Liga de las Naciones. El sueño de que es posible trascender la política de poder y sustituirla por el derecho internacional lo comparten hoy en día los internacionalistas liberales estadounidenses y muchos europeos. Los neoconservadores, en este particular, están de acuerdo con los realistas en que el derecho internacional es demasiado débil para imponer reglas y contener las agresiones; son muy críticos con Naciones Unidas (ONU), sea en su papel de árbitro o en el de garante de la justicia internacional. Esa desconfianza hacia la ONU  no es extensiva, para la mayoría de los neoconservadores, a todas las formas de cooperación multilateral; los más ven la OTAN con buenos ojos, por ejemplo, y creen en la acción colectiva basada en principios democráticos compartidos.”[33]

En síntesis, los tres ejes que Max Boot denomina como un “wilsonismo duro”, es decir, los ideales neoconservadores que se materializan en la primera administración de G. W. Bush son: la implementación de una política de cambio de régimen y expansión de la democracia al resto del mundo, la prescindencia la mayoría de las veces de instituciones internacionales, -que se intenta minimizar a través de la gran superioridad militar que ostenta Estados Unidos – y la creación de coaliciones ad-hoc. Cabe aclarar que estas últimas no afectan de manera alguna al unilateralismo ya que tienen un carácter coyuntural y se organizan de acuerdo a los intereses estadounidenses y no en función de las necesidades y objetivos de un organismo internacional.

III) De Reagan a Bush

En este apartado consideramos pertinente a los fines del trabajo mencionar brevemente  los puntos en común que se encuentran entre  la administración Reagan y la administración de G. W. Bush. Esta mención resulta de relevancia si se tiene en cuenta que ambas administraciones son las que han expresado de forma más acabada el neoconservadurismo.

En sus inicios, Ronald Reagan formó parte de las huestes del Partido Demócrata, para luego pasar a formar parte del Partido Republicano. Como una característica distintiva podemos mencionar que fue un acérrimo conservador que abogaba por la necesidad de atacar al comunismo dondequiera que éste se encontrara. Por primera vez la derecha sintió que uno de los suyos llegaba a la Casa Blanca, sensación que volvieron a tener cuando George W. Bush llegó a la presidencia de Estados Unidos[34]

Ronald Reagan gobernó durante el periodo de guerra fría, mientras que George W. Bush, lo hizo en la post guerra fría. No obstante esto, ambas administraciones se destacaron por su tinte conservador[35]. Durante el primer mandato de Reagan hasta los dos primeros años de su segundo período, en términos de ideas y valores, los neoconservadores prevalecieron. Sin embargo, a fines de 1986 a causa del Irangate, la administración se vio obligada a un cambio generalizado de gabinete que favorecía al sector del Partido Republicano que reunía a los conservadores tradicionales y pragmáticos. Aún así, la percepción de que el gobierno de Ronald Reagan había sido exitoso y que las ideas neoconservadoras fueron un sustento importante para este logro, no se vio afectada. Por su parte, Bush padre, a la inversa de Reagan, le concedió las decisiones más importantes de política exterior a los conservadores pragmáticos y tradicionales. Si bien Bush padre planteó un nuevo orden internacional de características liberales donde el tipo de régimen era importante, cuando tuvo que definir situaciones críticas lo hizo con criterios realistas, pero en escasa oportunidades apeló a la unilateralidad y a la ideología neoconservadora. En este contexto se explica su oposición a la propuesta que realizaron Robert Libby y Paul Wolfowitz de destituir a Hussein después de la primera Guerra del Golfo[36].

Una de las ideas que propugnaban los neoconservadores era la reducción de impuestos, esta idea también era compartida por Reagan quien emprendió una baja del gasto público y una reducción de los impuestos. Para algunos autores esta política no fue exitosa ya que aumentó la deuda nacional. Obviamente el aumento de la deuda nacional fue producto también del inmenso gasto en defensa que se produjo en este período. El gasto mismo aumentó 1/3 entre 1981 y 1985. Sin embargo, los conservadores continuaron  apoyando a  Reagan porque había ganado la guerra fría, revitalizado la economía, y en el aspecto moral, los americanos recuperaron su sentimiento de orgullo nacional.[37]

En el centro de la Doctrina Reagan se encontraba la política del Rollback. Esta estrategia  suponía que ya no sólo se pretendía contener el avance soviético como fuera hecho en el período de la Contención, sino que se buscaba derribar  a aquellos gobiernos que habían “caído” bajo la órbita soviética y traerlos a la órbita occidental. Claramente lo sintetiza Cantalapiedra:

“Este tipo de estrategia no busca sólo contener al estado objetivo en sus límites, sino derribar su régimen a través de variados mecanismos, desde operaciones encubiertas y apoyo de grupos de la oposición hasta la opción del cambio de régimen. (…) Así que restauraba la competición abandonando la distensión, asumiendo las estrategias geopolíticas de la era Nixon-Kissinger, las concepciones expansivas de la era Kennedy-Johnson y la retórica de Wilson. Aquí la Doctrina Reagan comenzó a unir terrorismo con los temas de Armas de Destrucción Masiva (ADM) en el contexto de los estados del Tercer Mundo: agresión regional, apoyo al terrorismo, y búsqueda de AMD, definían el status de Rogue State. Así se producía una re-militarización de la política exterior de Estados Unidos”.[38]

Ahora bien,  podríamos  decir que la Administración de G. W. Bush ha seguido varios de los pasos que implementó en su momento la administración Reagan. Algunos autores incluso mencionan  que la primera sería una administración basada en un neo-reaganismo. Como elementos para fundamentar esta tesitura mencionan la reafirmación moral y religiosa, la reducción de impuestos, el aumento del presupuesto de defensa y la reafirmación de la posición de Estados Unidos en el mundo como única “Superpotencia”. Sin embargo, esta visión realista en cuanto al uso y maximización del poder, en un punto se entrecruza con una concepción idealista de querer instaurar democracias en otros Estados, en especial en Oriente Medio.

Con la llegada de G. W. Bush en 2001 a la presidencia y luego de 12 años, los neoconservadores volvieron a estar presentes en las políticas desarrolladas en la Casa Blanca, volvieron a tener injerencia en la toma de decisiones y sus demandas volvieron a ser escuchadas y llevadas a la práctica. En este resurgir del neoconservadurismo se abrió la posibilidad fehaciente de instaurar los conceptos e ideas que ellos defendían. Como sostienen Frachon y Vernet:

“Tuvieron su hora de gloria en los años ochenta, durante los dos mandatos de Reagan, y después conocieron la travesía del desierto; cuatro años durante el mandato de George Bush senior, que adoptó en política exterior el “realismo estricto”, y ocho años durante los de Bill Clinton y su “humanismo ingenuo”. Los aprovecharon para establecer sus redes, tejer nuevos vínculos, fortificar los antiguos y popularizar su idea de una América fuerte, optimista y segura de sí misma y de sus valores.”[39]

George W. Bush, a pesar de su cuestionada llegada al poder, no se mostró como un presidente débil. Los atentados de 2001 significaron modificaciones en el accionar de la administración, tanto en su política interna como externa, pero también decisiones  como   la gran reducción impositiva, la mayor desde la época de Reagan y el rechazo al protocolo de Kyoto, que fueron realizadas con anterioridad a los sucesos de septiembre de 2001 mostraban que el neoconservadurismo de Bush se acentuaba.  Como afirma Joshua Muravchik:

“es cierto que nuestras ideas han influenciado las políticas del Presidente George W. Bush, como lo hicieron con el presidente Ronald Reagan…Nuestra contribución intelectual ayudó a derrotar al comunismo  en el último siglo, y si Dios quiere, ayudará a derrotar al yijadismo en esta oportunidad.”[40]

A partir de los atentados de Septiembre de 2001 el país del norte enfrentó un nuevo desafío. La política interior pero especialmente la exterior se vieron afectadas. Como consecuencia de las políticas implementadas, años más tarde Bush era acusado de imperialista y de tomar decisiones unilaterales, sin el consenso de Naciones Unidas. Como sostienen Micklethwait y Wooldridge:

“La respuesta de Bush al 11 de septiembre no fue realmente comedida: fue una respuesta radical y excepcionalmente ambiciosa. En concreto fue esencialmente neoconservadora.”[41]

Sin embargo, existen neoconservadores que no estuvieron  del todo conformes con los resultados obtenidos en la guerra de Irak, así lo demuestran las palabras de Muravchik:

“Nosotros tuvimos suerte con Reagan. El tomó el camino que nosotros queríamos, y las políticas fueron brillantemente exitosas. El dejó su cargo con alta popularidad. Bush es una historia diferente. El, también, tomó el camino que queríamos, pero las políticas alcanzaron un éxito incierto. Su popularidad ha disminuido”.[42]

En síntesis, G.W. Bush fue ganando el apoyo del sector neoconservador y al mismo tiempo este sector fue ganando cada vez mayor influencia. Los hechos de septiembre de 2001 hicieron que prontamente los ideales neoconservadores empezasen a materializarse en dicha administración. Los atentados le dieron a los neoconservadores la ocasión para ejercer una influencia determinante, cuando no eran sino un elemento entre otros de la coalición republicana. Los “neocons” tenían la explicación y la respuesta, y de esta  manera, sin utilizar nunca la expresión, G. W. Bush se puso a hablar en neoconservador.[43] Sin embargo, los resultados obtenidos a partir de la guerra en Irak no fueron los esperados, con lo cual personalidades neoconservadoras comenzaron a cuestionar los resultados que arrojaba la ocupación en Irak, que había sido presentada como una bandera del neoconservadurismo y  en la cual estaban claras las ideas de “cambio de régimen” y “unipolaridad”.

IV)  Bush y los Neoconservadores

En las primarias republicanas del año 2000, muchos neoconservadores, incluido Wiliam Kristol apoyaron a John McCain, debido a que temían que Bush hijo repitiese el accionar de su padre en la guerra del Golfo.[44]

Entre las características de Bush que impacientaban a muchos neoconservadores se encontraba el hecho de su escasa experiencia en asuntos exteriores y la continua referencia a una “política exterior humilde”. En este sentido, Frachon y Vernet plantean que:

“Era una vuelta  a una definición estrictamente del interés nacional americano: nada de aventuras en el exterior si el conflicto no era esencial para la seguridad del país. Quería reducir los compromisos internacionales de Estados Unidos y limitar su participación a las operaciones de mantenimiento de la paz en el mundo. Sobre todo, se oponía al Nation building (Construcciónde Naciones)”[45]

Durante la campaña electoral Bush, se apoyó en la facción realista del Partido Republicano. Ante el cuestionamiento que se le hacía respecto a la poca experiencia con la que contaba en cuestiones de política exterior, se puede remarcar que G.W. Bush supo rodearse de un grupo de asesores de gran conocimiento respecto a asuntos externos  que ya se habían desempeñado en anteriores administraciones.

Antes del 11 de septiembre la balanza estaba inclinada hacia realistas como Colin Powell y Condoleezza Rice. En ese entonces los neoconservadores solamente ocupaban cargos subalternos o de rango medio, Paul Wolfowitz – un hombre de extensa experiencia que desde la época de Nixon se había desempeñado en todas las administraciones excepto la de Clinton-  detentaba el cargo de subsecretario de defensa.  Por otra parte, entre aquellos neoconservadores que ocupaban cargos de menor importancia se puede mencionar a Douglas Feith (cumplía sus funciones en el Pentágono); Lewis “Scooter” Libby (jefe de gabinete de Dick Cheney); John Bolton (se desempeñaba en el Departamento de Estado) y Richard Perle (se desempeñaba en el Consejo de Política para la Defensa bajo el mando de Rumsfeld, también se lo llamaba el “príncipe de las tinieblas”).

En los inicios de la administración Bush los neoconservadores no contaban con gran influencia, tal como lo reflejan los cargos que ocupaban y  no poseían un predominio determinante en la primera línea de gobierno.  Paradójicamente quien más los apoyaba, Richard Cheney, había sido quien mientras ocupaba el cargo de Secretario de Defensa durante la administración de Bush padre estuvo de acuerdo en dejar a Saddam Hussein en Irak.

La situación descripta fue ciertamente modificada por los hechos ocurridos el 11 de Septiembre. En ese marco, aquellos funcionarios que defendían políticas realistas se vieron apoyando las ideas y conceptos que los neoconservadores venían defendiendo. Así lo sintetiza Krauthammer:

“Hoy sus principales defensores, a juzgar por su historia, son antiguos realistas. Rice, por ejemplo, era discípula de Brent Scowcroft; Cheney sirvió como Secretario de Defensa en la primera Administración Bush. Septiembre 11 cambió todo eso. Cambió el mundo y cambió nuestra comprensión del mundo. Como el neoconservadurismo pareció ofrecer la explicación más plausible de la nueva realidad y la más convincente y activa respuesta a la misma, muchos realistas empezaron a comprender la pobreza del realismo: no sólo su futilidad sino el peligro de una política exterior centrada en la ilusión de la estabilidad y el equilibrio. Estos realistas, recientemente asaltados por la realidad, han dado peso al neoconservadurismo, haciéndolo más diverso y, dada la experiencia pasada de los recién llegados, más maduro”.[46]

V) El movimiento neoconservador actual. Su reformulación

La década del noventa fue testigo del empeño de una nueva camada de neoconservadores por redefinir la política exterior neoconservadora mediante el unilateralismo y dejando de lado las instituciones internacionales. Justamente el hecho de dejar de lado o subestimar a las instituciones internacionales los diferenciaba de quienes defendían el internacionalismo liberal.

Estos neoconservadores buscaban consolidar el poder de Estados Unidos, acabar con los Estados que amparaban a terroristas y diseminar la democracia liberal, especialmente en Medio Oriente. Pensaban en un imperativo moral de expandir los valores estadounidenses. Estaban preocupados por la situación internacional, veían un mundo desordenado, Estados que apoyaban terroristas y estaban alarmados por las armas de destrucción masiva (ADM). En fin, percibían un mundo sumamente peligroso en el cual Estados Unidos debía impartir el orden, hacer frente al peligro con el poder militar, era un “mundo unipolar”[47]. Sin embargo eran optimistas respecto a la capacidad de Estados Unidos para manejar la situación. Esta perspectiva de un mundo peligroso y del uso de la fuerza es compartida con los nacionalistas agresivos como Cheney y Rumsfeld. Lo interesante es cómo las ideas que pregonaban tenían mucho que ver con las políticas que ya habían sido aplicadas por la administración Reagan.

Jóvenes escritores como Wiliam Kristol y Robert Kagan,[48] tomaron un camino para la reformulación del neoconservadurismo. El artículo que escribieron en Foreign Affairs en 1996 y que sirvió de base, tiempo más tarde, para la publicación de su libro llamado Peligros Presentes[49] en el año 2000, en donde se apelaba a un “neoreaganismo”, alcanzó gran repercusión. Estos autores querían una vuelta al militarismo de la administración Reagan y recordaban que la victoria en la Guerra del Golfo durante la administración de Bush padre se había logrado con un ejército armado en la era Reagan.[50] Como sostiene Fukuyama:

“… una política que conllevaba  oponer resistencia y cuando sea posible socavar a los dictadores que surjan y las ideologías hostiles, (…) apoyar los intereses norteamericanos y los principios democráticos liberales y (…) prestar ayuda a quienes luchen contra las manifestaciones más extremas de la maldad humana”.[51]

Kristol y Kagan sostenían que las instituciones internacionales tendrían que ser dejadas de lado, y en su lugar, pensaban en la superioridad militar de Estados Unidos, en afianzar las alianzas con otros países y en una defensa antimisiles en caso de un contraataque. Estos serían los elementos claves para la influencia estadounidense, siendo el elemento fundamental el cambio de regímenes. El cambio de régimen lo consideraban necesario no sólo para “estados canallas” como Irak, Siria o Corea del Norte, sino también para China, que como ya se mencionó, antes del 11 de Septiembre, era considerada una de las principales amenazas para los años venideros. Si los nacionalistas agresivos como Cheney o Rumsfeld mantenían algún reparo ante el unilateralismo de Estados Unidos, éste desapareció completamente el 11 de septiembre. Los neoconservadores estaban convencidos de que Estados Unidos estaba en peligro, el suelo norteamericano había sido atacado. Era el momento de iniciar una lucha contra “el mal”, Estados Unidos emprendía una batalla entre “el bien y el mal”, en donde por supuesto la nación comandada por George Bush representaba el bien. Frases como “el bien contra el mal”, “estas con nosotros o contra nosotros”, fueron célebres y ampliamente difundidas. Así el discurso de Bush el 1 de junio de 2002 en la academia militar de West Point y más tarde en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) en septiembre de 2002 se hacían eco de los conceptos que hace años venían defendiendo los neoconservadores. De esta manera nacía aquello que se denomina la “Doctrina Bush”, el equilibrio de poder caía en desuso. Como sostiene Charles Krauthammer en un reconocido artículo:

“El hecho notable de que la Doctrina Bush sea, esencialmente, sinónimo de la política exterior neoconservadora marca la transición del neoconservadurismo de la disidencia, que ocupó durante la primera administración de Bush padre y los años de Clinton, al gobierno. Uno pudiera decir que la política exterior neoconservadora ha alcanzado la madurez. Esto no sólo es portentoso sino también inesperado. Requiere un repensar de los principios y de la práctica.”[52]

En síntesis, los neoconservadores estaban convencidos de que Estados Unidos debía difundir sus ideales y sus valores a lo largo y ancho del mundo. Se debía defender la libertad y expandir la democracia, su modelo de democracia liberal debía instalarse en otros Estados. De esta manera, ponderan la importancia del tipo de régimen democrático, reconocen las acciones unilaterales de peacemaking y peacebuilding para garantizar el cambio de régimen, desconociendo en cierta forma su histórico rechazo a la ingeniería social masiva, no se desvelan por las cuestiones económicas más allá de que no se oponen al libre mercado[53]. Por esta razón defendían su idea de acabar con ciertos regímenes y luego redemocratizar. Esto fue lo que quiso hacer la administración de George W. Bush primero en Afganistán y luego en Irak. Ciertamente lograron ponerle fin a los regímenes que por ese entonces regían en cada Estado, sin embargo fallaron a la hora de reconstruir esos Estados. Aún hoy se puede decir que ha sido una tarea inconclusa y por el momento no hay perspectiva de cambio favorable.

La administración Bush fue tildada de imperialista, por actuar de manera unilateral, dejando de lado los preceptos de Naciones Unidas. Ciertamente su accionar en Irak reflejaba el accionar de una nación imperialista la cual se arrogaba el derecho y la obligación moral de aplicar sus valores en Irak y el resto del mundo. La administración Bush se arrogaba el derecho de reconstruir los estados fallidos[54], de democratizar Medio Oriente, aunque nada de ello sucedió.


[1]PODHORETZ, Norman. “Neoconservatism, a Eulogy” [en línea] Marzo  1996 en: http://www.commentarymagazine.com/viewpdf.cfm?article_id=8533 [consulta 4 de junio de 2008] Página 19 Traducción Propia

[2]FUKUYAMA, Francis “América en la encrucijada. Democracia, poder y herencia neoconservadora” Barcelona: Ediciones B 2007 Pág. 225

[3]MICKLETHWAIT, John; WOOLDRIDGE, Adrian. Una Nación Conservadora. El poder de la derecha en Estados Unidos.  Debate 1ª  edición Bs. As.: 2007, Pág.581

[4]El Memorándum NSC 68 fue un informe clasificado que presentó Paul Nitze al presidente Harry Truman en 1950. En el mismo se mostraba al comunismo como una amenaza a la dominación global. Se planteaba que el comunismo debía enfrentarse mediante la acumulación masiva de la fuerza militar de Estados Unidos.

[5]Los internacionalistas  americanos argumentan que no existe liderazgo posible de Estados Unidos sin una participación activa en las cuestiones mundiales. BUSSO, Anabella “Identidad y fuerzas profundas en Estados Unidos. Excepcionalismo, tradición liberal-tradición conservadora, aislacionismo-internacionalismo, política y religión: su impacto en la política exterior”,  en Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas e identidad. Reflexiones en torno a su impacto en la política exterior. Un recorrido de casos, e- book, UNR editora, Rosario, Argentina. 2008 Pág. 68

[6]JUDIS, John B. “Trotskyism to Anachronism: The Neoconservative Revolution” [en línea] Foreign Affairs, Julio-Agosto 1995. En:www.foreignaffairs.org/19950701fareviewessay5058/john-b-judis/trotskyism-to [consulta: 4 de junio de 2009] Traducción propia.

[7]Ibídem Traducción propia

[8]FUKUYAMA Op. Cit.  Pág 28 Citado en BUSSO, Anabella “Identidad y fuerzas profundas en…”en  Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas… Op. Cit. Pág. 49

[9]SELDEN, Zachary. “Neoconservatives and the American Mainstream” [en línea] Hoover  Institution Abril-Mayo 2004. en:http://www.hoover.org/publications/policyreview/3438776.html[consulta: 8 de junio de 2009]

[10]MURAVCHIK, Joshua. “Operation Comeback” [en línea] AEI American Enterprise Institute for Public Policy Research 1 de Noviembre de 2006www.aei.org/include/pub_print.asp?pubID=25086 [consulta 6 de junio de 2009] Traducción propia.

[11]SELDEN Op. Cit.

[12]LIND, Michael, “A Tragedy of Errors”. [en línea] The Nation 5/2/2004 en: www.thenation.com/doc/20040223/lind [consulta: 8 de junio de 2009] Traducción propia.

[13]Ibídem

[14]FUKUYAMA, Francis Op. Cit.

[15]FRACHON, Alain, VERNET, Daniel.  La América Mesiánica. Los orígenes del neoconservadurismo y las guerras del presente. Paidós 2006. Pág. 50-53

[16]PERREAU-SAUSSINE, Emile Athéisme et politique, Critique, February 2008, n° 728-729, p.121-135 Citado en  BUSSO, Anabella “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas… Op. Cit. Pág. 52 nota núm. 27

[17]FUKUYAMA, Op. Cit. Pág. 35

[18]BUSSO, “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas…Op. Cit. Pág. 53

[19]MICKLETHWAIT, John; WOOLDRIDGE, Adrian Op. Cit. Pág. 108

[20]Fuera de Washington la mayor concentración de expertos la posee la Fundación Hoover la cual cuenta con un programa de televisión propio llamado Uncommon Knowledge, también posee publicaciones, el Hoover Digest y Policy Review. Existen grupos más modestos entre los cuales se puede destacar: Instituto Manhattan, Instituto Milken, Instituto Discovery. Este último fue fundado en 1990 por Bruce Chapman, quien participó de la administración Reagan, en donde una de sus funciones era estar en contacto con grupos de expertos. FRACHON, Alain, VERNET, Daniel. Op. Cit. Pág. 116

[21]]Estas instituciones y publicaciones no solo se han ocupado de desarrollar ideas sino que también han formado expertos para llevar a la práctica estas ideas y conceptos. Por ejemplo Donald Rumsfeld y Condoleezza Rice  han trabajado en la Fundación Hoover.

[22] Es claro que desde la década del noventa el establishment neoconservador  reclamaba acciones contra Saddam Hussein, sin embargo recién una década más tarde se tomaría la decisión política de acabar con Saddam Hussein, utilizando como excusa o justificativo la lucha contra el terrorismo. Valiéndose de argumentos como la posesión de armas de destrucción masiva (ADM), la conexión con Al Qaeda, elementos todos estos que nunca fueron comprobados.

[23] Como ejemplo se puede tomar la pronunciación de su discurso en la academia militar de West Point en junio de 2002 y  “La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos” (NSS) publicada en Septiembre de 2002.

[24]BUSSO, Anabella. “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas… Op. Cit.  Pág. 56

[25]El internacionalismo liberal como escuela de pensamiento que brega por los imperativos de libertad y democracia se ha diferenciado especialmente de los neoconservadores en la percepción que tienen en cuanto al uso de la fuerza. El internacionalismo liberal se inicia en la década del 20 durante la presidencia de W. Wilson y a partir de ahí ostenta su defensa de las instituciones internacionales, punto en el cual difiere con los neoconservadores. Ambas escuelas de pensamiento  son partidarias del establecimiento de democracias, difieren en cuanto a la manera de arribar a ese objetivo, es aquí donde se da la defensa del uso de la fuerza por los neocons y la defensa de las instancias diplomáticas por los internacionalistas liberales. Por su parte, la corriente internacionalista liberal también afirma que Estados Unidos tiene una obligación moral y un ideal  nacional de primer orden en promover la expansión de la forma democrática de gobierno y los valores americanos en el mundo, creando de esta manera, una comunidad internacional pacífica que bregue por el cumplimiento de  las leyes.

[26]FUKUYAMA, Op. Cit. Pág. 62

[27]BUSSO, “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.), Fuerzas profundas… Op. Cit. Pág. 50

[28]Fue Johnson quien logró que en 1964 se aprobaran tanto la disminución de impuestos como la Ley de Derechos Civiles. En ese mismo año se comenzó a hablar de su programa La Gran Sociedad como un proyecto socioeconómico en el cual los beneficios y la prosperidad lleguen a todos. Conjuntamente se llevó a cabo la Guerra contra la Pobreza siendo el elemento central del programa de la Gran Sociedad. Por su parte, el Congreso promulgó el programa de salud Medicare para los ancianos y Medicaid, destinado a dar asistencia médica para los pobres. Se otorgó más ayuda federal a la enseñanza elemental y secundaria, que por tradición era una función estatal y local. BUSSO, Anabella. “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.) Op. Cit. Pág 50.

[29]VAN OUDENAREN, John. “Unipolar Vs Unilateral” Policy Review Mayo 2004 Hoover Institution [en línea ]http://www.hoover.org/publications/policyreview/3438956.html [Fecha de consulta 11 de julio de 2009]

[30]BUSSO, Anabella  “Identidad y fuerzas profundas en…” en Anabella BUSSO (Comp.)Op. Cit. Pág. 21.

[31]Ibídem Pág. 34

[32]BUSSO, Anabella. “La política exterior americana a partir de la administración de George W. Bush: su impacto mundial y regional.” Pág. 9 Conferencia dictada en el Centro de Estudios Internacionales Universidad Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 30 de abril de 2003. En: www.utdt.edu/ver-contenido.php?id_contenido=743&id_item=1030

[33]FUKUYAMA, Francis Op. Cit. Pág. 60

[34]MICKLETHWAIT, John; WOOLDRIDGE, Adrian Op. Cit.  Pág. 113

[35]Micklethwait y Wooldridge refieren a cómo funcionarios de alto rango de la administración Reagan no sólo leían Commentary sino que algunos de ellos escribían en dicha publicación, como ser el caso de Jeanne Kirkpatrick. También los autores citan como ejemplo de los vínculos de esta administración con los neoconservadores la asistencia por parte de Reagan a un evento de la revista National Review a inicios de 1983 en donde el presidente mencionó que la misma era su “revista favorita.”

[36]BUSSO, Anabella.  “Identidad y Fuerzas…” en Anabella BUSSO (Comp.)Op. Cit. Pág. 59

[37]MICKLETHWAIT, John; WOOLDRIDGE, Adrian Op. Cit.  Pág. 128

[38]GARCIA CANTALAPIEDRA. “Peace through primacy: La Administración Bush, la Política Exterior de EEUU y las Bases de una Primacía Imperial. Geopolítica, Recursos Energéticos y Guerra al Terrorismo”http://www.ucm.es/info/unisci/revistas/Bush.pdf [en línea] Enero de 2004 [fecha de consulta 10 de septiembre de 2009] Pág. 9

[39] FRACHON y VERNET, Op. Cit. Pág. 109

[40] MURAVCHIK, Joshua. Op. Cit.

[41] MICKLETHWAIT, John; WOOLDRIDGE, Adrian. Op. Cit. Pág. 262

[42]MURAVCHIK, Joshua. Op. Cit.

[43]FRACHON y VERNET Op. Cit. Pág. 133

[44]Bush padre permitió que Saddam Hussein mantuviera el poder en Irak  y se negó  a apoyar a los levantamientos kurdos y chiítas.

[45]FRACHON, Alain, VERNET, Daniel. Op. Cit. Pág. 131

[46]KRAUTHAMMER, Charles. “La convergencia neoconservadora”  [en línea] www.neoliberalismo.com/charles0205.htm [consulta 10 de junio de 2009].

[47] Ibídem

[48]William Kristol era hijo de Irving Kristol y Robert lo era de  Donald Kagan. Donald Kagan nació en 1932 en Lituania, en el seno de una familia de origen judío. Es historiador en la Universidad de Yale. Fue uno de los signatarios originales en 1997 de la declaración de los principios neoconservadores del PNCA. Padre de Robert y de Federick, con este último escribió en el año 2000, antes de las elecciones presidenciales, While America Sleep. Dicha publicación era un llamado a aumentar el gasto en defensa.

[49]KAGAN, Robert, KRISTOL William (editores). “Present Dangers: Crisis and Opportunity in American Foreign and Defense Policy”.  Encounter Books. Marzo de 2000

[50]El artículo “Towards a Neo-Reaganite Foreign Policy”, fue escrito en 1996 durante la administración Clinton. Paradójicamente ya por ese entonces pedían un endurecimiento de la política exterior, especialmente hacia Irak. Seguramente ni imaginaban lo que ocurriría el 11de Septiembre.

[51]FUKUYAMA Óp. Cit. Pág. 53

[52]KRAUTHAMMER, Charles. Op. Cit.

[53]BUSSO, Anabella. “Identidad y Fuerzas…” en Anabella BUSSO (Comp.) Op. Cit. Pág. 57

[54]La característica central de los Estados Fallidos es la ingobernabilidad y la ausencia de sus funciones básicas, motivo por el cual, no sólo atenta contra los propios ciudadanos sino que también constituyen una amenaza a la seguridad regional e internacional. Irak y Afganistán son claros ejemplos de Estados Fallidos. PAREDES RODRIGUEZ, Rubén “La lucha Global contra el Terrorismo Internacional: un análisis sobre el (fra)-caso de Irak y sus repercusiones en Medio Oriente” en Anabella BUSSO (Comp.), “Fuerzas profundas e identidad…” Pág 244

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