Un resultado que no debiera sorprendernos tanto

 

 

 

Por el Dr. Lucas Fiorini

En este momento difícil para quienes no son oficialistas, quisiera señalar muy brevemente un par de elementos esenciales que conversara con varios amigos antes de las elecciones primarias de ayer, y que se vieron reflejadas en el resultado. No entraremos en las causas de fondo morales, culturales e institucionales que nos hacen vivir este presente, lo cual demandaría otro marco y extensión.

El resultado de las PASO no me sorprendió pues es el fiel producto de dos cuestiones esenciales: la sensación económica que se vive por un lado, y la oferta electoral alternativa por otro.

Con respecto a lo primero, creo que pesa racionalmente en el votante el hecho concreto que no vivamos una situación de recesión o dificultad grave de la economía. No hay que deslegitimar de manera tajante que una parte importante de la población se guíe por los resultados económicos, tan tangibles y concretos, frente a otros parámetros más etéreos. Muchos argentinos observan sus ingresos, ven que les alcanza para vivir, que mejor algo que nada, y no arriesgan lo poseído por alternativas no muy claras. Todavía traumatizados por la crisis del 2001/2, el argentino promedio se ha vuelto conservador con poco. No comparto la visión gubernamental bastante instalada que exalta supuestas virtudes del rumbo emprendido, pues el gran quit que deberíamos considerar es lo que no ganamos, crecemos y generamos precisamente por haber optado proseguir con los lineamientos económicos de este gobierno: podríamos ser un País con un pleno desarrollo de nuestras potencialidades que crea y distribuye riqueza en serio, y no migajas como ahora, aprovechando la excepcional situación internacional favorable, que nos provee de ingresos fabulosos gracias a nuestros comodities estrella en una Argentina baja en población y cuyo saldo exportable per cápita es… primero en el mundo. Dicho en otras palabras: si se hicieran las cosas bien en materia económica no deberíamos seguir con la pobreza estancada, con la clase media llegando justo a fin de mes, con nuevos ricos hechos en su mayoría con la complicidad corruptora del Estado. Pero todo esto –tan cierto que, como muestra, a pesar de la lluvia de ingresos hay que recurrir al ‘extra’ del pernicioso impuesto inflacionario ante el despilfarro estatal, cuya voracidad insaciable para sostener el aparato y los negocios va in crescendo- es análisis muy difícil de trasladar a la población: el concepto de costo de oportunidades no es algo que se pueda instalar fácilmente en el vecino no politizado, que es el grueso del pueblo.

Por lo tanto, creo que es muy probable que los futuros libros de historia se detendrán en esta nota principal socioeconómica de la presente década –lo que se perdió de ganar y distribuir- pero la cotidianeidad del presente lo hace difícil de visualizar, y sólo puede popularizarse si es encarnado y explicado por una clara, creíble y superadora alternativa política… que hoy brilla por su ausencia. ¿Qué candidato es fidedigno, puede explicar con convencimiento esto, hacerlo llegar, garantizando mejorar el rumbo y nuestra suerte?

Si la opción no es manifiestamente mejor, si se limita a ser una pobre copia del gobierno, si se escuda sólo en una no demostrada superioridad ética y republicana, no nos sorprendamos: una parte determinante de nuestros coterráneos no le bajarán el pulgar al ‘modelo’ actual.

Y aquí me detengo en lo segundo: qué hay enfrente. La verdad que sabiamente se manifestó algo que los no oficialistas de a pie presentimos y sabemos de hace tiempo: nadie de los presidenciales nos persuade en serio. Falta grandeza y visión de estadista en la dirigencia. Las mezquindades, la confusión doctrinaria, la ausencia de ideas de y para el País fueron elocuentes. Un inmenso número de argentinos no tenía a quién votar con convencimiento. La atomización de la oferta opositora manifestaba la pequeñez de sus encarnaciones: ¿quién garantizaba que en el gobierno no iban a seguir con su ombliguismo y necedad?

Creo que se manifestó justamente un castigo a este hecho. Para cambiar de gobierno debe aparecer algo claramente mejor. No cambio mi casa por otra parecida, con todo el lío que implica una mudanza, sólo porque me ofrecen mejores cañerías o una buena pintura… . Semejante decisión debe valer la pena, debe por lo tanto ser una mejora palpable, de fondo, estructural, suficientemente importante.

Tomemos los dos opositores más votados (¡con el 12 % de los votos cada uno!). Se auto presentaban falazmente como los favoritos antes de las elecciones, y distribuyeron irresponsablemente ese imaginario. Alfonsín, quien probablemente sea una buena persona, lucró políticamente con ser hijo del ex presidente. Una infantil y desmedida ambición lo hizo el principal candidato de la oposición no peronista. En vez de ceder a un conveniente aprendizaje por escalas, de diputado provincial quiso saltar a candidato presidencial. No le importó que hubiera otros radicales instalados, que debía priorizar acuerdos con fuerzas afines como los socialistas o similares, que su apellido implicaba –luego del triste final del mal gobierno de su padre, sumado al de Dela Rúa-pan comido para el oficialismo. Como me decía un amigo: qué irresponsabilidad como padre votar de presidente de este inestable País a Alfonsín. Yo en esa complicidad no entro…

El duhaldismo se cansó de practicar su deporte preferido, que es tirar globos en la prensa y las usinas de rumores, donde se mostraban como la única opción que podía ganarle ala Presidenta. Sepresentaban como influyentes en el conurbano, con votos y complicidades locales por doquier, cuando la única verdad es que fueron profesionales en el manejo férreo de ese sector de nuestra patria cuando tuvieron los fierros, es decir el poder. Pero fueron víctimas de su propio invento: el núcleo duro de ese peronismo bonaerense responde a la política fáctica, definida por un legislador provincial como caja y expectativas. No hay planteos para miramientos y generosas causas. Eso sembró Duhalde sistemáticamente por más de una década. Eso cosecharía. Mientras tanto embaucó a algunos distraídos haciendo creer que podía ser alternativa, cuando todos los números decían –con razón- que la gente no confiaba en su figura. En vez de cumplir con su promesa –rota- de no presentarse nunca más a Presidente, y aportar de atrás con generosidad, él quería ser la figura (con el discurso de hacerlo por el bien de todos, entregando su esfuerzo… ). Si de pronto se dio cuenta que lo que ‘aportó’ cuando tuvo lugares ejecutivos fue equivocado, bienvenido el reconocimiento, pero suficiente con los errores cometidos y que todos tanto sufrimos para seguir dando oportunidades a quienes no tuvieron gran visión. Una de las zonceras más grandes que he escuchado sistemáticamente en estos últimos años es el dicho generado en las usinas del bonaerense que ‘el que los puso debe sacarlos’: la propia conciencia de semejante error cometido, y la responsabilidad consecuente, debería dar la humildad de llamarse a cuarteles de invierno, o al menos de acompañar para aportar sin pretender cargos que cuando se tuvieron no fueron un dechado de aciertos evidentemente. En lo esencial se equivocó: el tren pasó entonces. Además, si bien es difícil alcanzar los niveles de

corrupción generalizados que se han instalado a partir de las últimas administraciones, también es cierto que la compañía histórica del ‘piloto de tormentas’ no garantizaba una vuelta a niveles civilizados de honestidad y respeto a las instituciones y poderes en un necesario Estado de Derecho. Por lo tanto, otro bocadito para el oficialismo que la opción sea Duhalde.

Quisiera terminar con algo de lo cual también estoy hace tiempo convencido: van apareciendo alternativas diferentes que pueden enamorar a la ciudadanía y hacer bien las cosas. Binner me parece al respecto un candidato interesante. No soy afín al socialismo, por lo que desconocía bastante al gobernador santafecino, pero lo escuché un par de veces (por ejemplo hace poco, al ganar su provincia), y me pareció espectacular. No sólo por su estilo medido, sino por lo que transmitía: un federalismo fuerte, una centralidad en apoyar la matriz productiva principalmente surgida desde el sector agroindustrial, un eje en la institucionalidad y en recordar las misiones esenciales del Estado, ninguna alusión a resentimientos históricos… Si no me decían que era socialista, hubiera apostado que venía de otro lado. Pareciera ser propio del sector (salvo el vedetismo desubicado de Victoria Donda, que parece un cuadro k, y es en lo que no tienen que caer: para progresismo intolerante e hipócrita está el espacio oficial, nadie mejor que ellos, y no aconsejo plegarse a lo que ya tiene su espacio ‘nacional y popular’), pues el gobernador electo Bonfatti dio un discurso similar, y cuando uno escucha a ese gran dirigente sindical que es Víctor de Genaro o a un economista claro como Lozano (aunque difiera de sus propuestas) le da la misma sensación. Y sus seguidores se le parecían, hasta en la prolijidad del acto. Pareciera un socialismo interesante, similar a lo encarnado por un Lagos, Lula, Dilma, Tabaré Vazquez o Mujica. ¡Qué bien que nos haría que esta racionalidad y honestidad fuera la cara de la centroizquierda argentina! No sé si se está a tiempo en esta elección, pero a veces la gente opta por encima de la dirigencia y sus limitaciones para acuerdos y unificaciones convenientes, y lo de Binner tendría que crecer, y va a crecer.

Por otro lado el fenómeno del Pro y Macri también es un aliciente. En las últimas elecciones locales se evidenció. Hay todo un sector de la población, llamémosle de sentido común y centroderecha, que necesita representación, y tiene esperanzas en esta fuerza. Es una alternativa que puede trabajar muy bien con sectores del peronismo no kirchnerista (donde dicho sea de paso elecciones como la de Córdoba y su electo gobernador Dela Sota, alguien que entiende el mundo y las inmensas oportunidades que tiene nuestro País, aportan en la posibilidad de conformar este espacio necesitado de no culposa representación), configurándose así también como una probable futura alternativa nacional con gobernabilidad y nuevos rumbos. Si Macri decide construir políticamente a partir del 2012 más allá dela General Paz, expresando una necesaria renovación con la suficiente inteligencia de no subestimar tanto los principios y el núcleo de ideas políticas que tienen que guiar ese proyecto como la faz agonal de la política (es decir, que no se quede sólo en marketing mediático vacío), puede ciertamente concentrar el apoyo mayoritario de los argentinos.

Cristina Fernández de Kirchner hizo una elección excelente con un 50% de los votos obtenidos. Pero no olvidemos que seguramente ese caudal hubiera sido sustancialmente menor si se hubiera presentado una alternativa seria de poder, con vocación de pelear de verdad en el campo tanto de las ideas como en lo fáctico: cuántos se inclinaron por ella sin ser kirchneristas pero no viendo nada mejor enfrente, y el resultado sin dudas hubiera sido más moderado entonces.

Por lo tanto a no desfallecer, a aprender de lo sucedido, y a seguir con ánimo adelante.

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